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ANCARES (I): VALCARCE-BALBOA-LA SOMOZA

Las nevadas dejaban incomunicados a estos pueblos algunos meses,por lo que acopiaban viveres para todo ese tiempo.
La vegetacion es espectacular ,las vistas parecen sacadas de un cuento de hadas.
El Rio Burbia famoso por suapreciada fauna piscicola,sus truchas son unicas.

La pizarra esta presente en las casas tipicas
Las tropas musulmanas, en su avance hacia Galicia, en tierras de Valcarce, sufrieron severas derrotas. Asimismo, durante la campaña de contención de los vikingos, fue arrasado todo el Valle del Valcarce. Y estos pagos pudieron ser asolados, como le acaeció a O Cebreiro, en la Guerra de la Independencia.
En buena parte de la Edad Media el Señorío del Valcárcel era territorio del Arzobispado de Compostela para, posteriormente, pasar a integrarse en la Diócesis de León. Un hecho relevante fue el establecimiento de un gravamen (portazgo) al que estaban sujetos todos los comerciantes, no peregrinos. Quizá el lugar exacto del pago estuviera en La Portela. Mas, ante los abusos cometidos, Alfonso VI (en 1702) lo suprimió, de lo que queda constancia documental. Sobre dos de las cuatro montañas vigías de A Veiga se construyeron dos castillos: el de Sarracín y el de Santa María de Autares. La defensa de la libertad ha sido una constante de Vega de Valcarce: así se dice que los Valcarce de se libraban de sus atacantes con las cinco estacas propias de su escudo heráldico.
En Balboa tuvo lugar una encarnizada batalla entre los “irmandiños” y los seguidores del Conde de Lemos. Después de la revuelta irmandiña el Castillo pasó a manos de los Rodríguez de Valcarce- cuya casa blasonada todavía está en pie- y, finalmente, a los Marqueses de Villafranca.
PARADASECA-RIBÓN:
Dª Urraca, hija de Alfonso VI, huyendo de los partidarios de Alfonso I de Aragón, se refugió por estos lares. Dio a luz en un hórreo, hoy restaurado, y continuó de camino a Santiago para acogerse a la protección de Gelmírez. En señal de gratitud, se concedió a todos los habitantes de la merindad carta de nobleza.
A finales del Siglo XXVIII, en Ribón se creó la Real Fábrica de Hierro Tirado, por orden de Fernando VII, cuyos restos se conservan.
ARTE Y PATRIMONIO:
El Castillo de Sarracín, único que perdura, fue construido en el S. XIV sobre una fortificación del X. Su denominación recuerda al Conde de Sarracín, hijo del Conde Gatón, aunque su propiedad era de los Marqueses de Villafranca. Desde ha bastantes años, se insistía en su rehabilitación con cargo al 1% Cultural pero, según lo visto, sin éxito. Añadir que este Castillo tuvo una época Templaria y fue asediado por los irmandiños. En Herrerías se construyó un Hospital llamado de “los Ingleses” con motivo de la Guerra de la Independencia.
Balboa también dispone de un Castillo: éste, prácticamente, sólo mantiene un torreón derruido. En su Ermita de Santa Marina, declarada de Interés Turístico, se observan unos altorrelieves barrocos. La Iglesia, con cabecera románica, tiene un añadido de torre y nave del S. XVI, así como un retablo manierista del S. XVII con imágenes y relieves.. El resto del conjunto es del S. XIV.
Dentro del apartado arqueológico, se ha de destacar la impresionante explotación aurífera de A Leitosa (Veigueliña – Paradaseca) que utilizaba el agua del Burbia según el sistema romano “ruina montium”, cuyos vestigios permanecen. En Teixeira, se ubican hórreos cubiertos de paja y “a cuatro aguas”. En Canteixeira se ha habilitado una “palloza-restaurante”. En Vilariños hay un conjunto de hórreos magnífico.
Como otros exponentes religiosos que no se pueden olvidar están: la ermita de Fombasallá- en su honor se celebra una romería-, escoltada por tres enormes pradairos o arces y desde cuya campa se otea todo El Bierzo, la emita de la Virgen del Carmen (en Quintela) que guarda la talla de San Eustaquio: patrón de los cazadores. Asimismo, es inexcusable referirse a: Parajís y la ermita del Santo Ángel de la Guarda, que tiene en su interior una figura que representa al demonio y que ha inspirado un sinfín de leyendas esotéricas; Vilariños con su capilla de la Virgen de las Nieves, la cual se acerca al atrio en días de tormenta para protección.
Y, en cuanto a lugares étnicos y paleontológicos, enumerar simplemente el Castro prerromano de Balboa y los potros, alguno de los cuales aún subsiste y las “famosas” pallozas de Campo del Agua.
Y, cómo no, las Pallozas de Balboa, testigos del ritual celta que se representa la noche de San Juan (todos los 23 de junio).
FLORA:
Por doquier, bosques de acebos, brezos, aulagas linarias, tojo espinoso, arándano negro, tejo (árbol mítico de celtas y astures), encinas carrascas, robles. En zonas de valle y resguardadas: chopos, alisos, sauces y abedules, avellanos, urces, pinos, nogales,...
En los espacios de pasto, brañas con vegetación frondosa reflejada en aguas cristalinas en las riberas de los cauces de agua. Otras especies a mencionar: capudres, escobas, piornos, árboles frutales, castaños,...Como curiosidad botánica, los Tejos de Lamagrande y Castañoso.
Ya, como singularidades vegetales, hay que aludir a los bosques húmedos de las cabeceras de los valles (viejos y primitivos): “morteiras”; los pastos de altura; los Tejos de Villar de Acero, Teixeira y Porcarizas, símbolos ancestrales de sabiduría, eternidad y deidades protectoras; los bosques típicos de ribera: humeiros, álamos, fresnos y salgueiras; alguna excepción de bosque mediterráneo (Puente del Rey): encinas, sufreiros (alcornoques) y madroños.
Y, por último, auténticos monumentos arbóreos de castaño: el Mirandelo de Pobladura de Somoza, el verrugoso de Porcarizas y el Campano de Villar de Acero- que pasa por ser el de mayor grosor de la Península.
FAUNA:
Ciervos, ginetas, lobos, gatos monteses y algún oso.
En los ríos trucheros acuden bastantes pescadores.
Balboa cuenta con una reserva nacional de caza con distintos especimenes (nutrias, cabras monteses) y con especies propiamente cantábricas, como el pito negro, el jabalí, el rebeco, águila real, águila culebrera, búho real, perdiz pardilla, lagarto verdinegro o lagartija colilarga.
GASTRONOMÍA:
Productos mayoritariamente bercianos y alguno de la cercana Galicia:
Caldo de berzas, lacón, chorizos escaldados con cachelos, botillo, empanada casera, cachelos con repollo, castañas con leche, pulpo “á feira”,...
También elaboraciones artesanales propias con miel, dulces, orujo, castañas, quesos,...
LEYENDAS Y COSTUMBRES:
Como toda Comarca cerrada, mal dotada de comunicaciones y aislada bastantes años a causa de las inclemencias meteorológicas, el terreno está abonado para el surgimiento de muchos cuentos y leyendas mágico-simbólicas, que relatan sus moradores ya mayores. Por lo cual, estos relatos se relacionan habitualmente con elementos cotidianos y naturales. Sólo se van a resumir algunos, a título orientativo:
EL CARBALLO DE PARAXÍS:
La tradición oral nos transmite un hecho relevante: a su cobijo, el Conde Gatón realizó un juramento desenvainando la “charrasca” (en alusión a algún arma). El contenido de lo jurado es todavía una incógnita.
O SANTO GRIAL:
En un día brumoso de invierno, un Peregrino alemán se perdió en el monte en la subida a O Cebreiro. Pero hete aquí que un pastor, con silbidos y cantares, lo fue encaminando hasta la aldea a la presencia del Santo Grial, en la Ermita de Santa María del Cebrero.
LOS TRATOS:
En las “feiras” de Vega- a las que acudían también gentes de Barjas, Balboa y Trabadelo y “feirantes” de ganado- se producía un regateo, en el cual a veces intervenían “amigables componedores” para acercar posturas. Logrado el trato, era habitual que el comprador invitase para sellar la transacción a “la robla” (un xarro de vinho).
Las ferias de Vega eran instaladas en el “Campo da Feira”, actual parque. En sus proximidades se habilitaban unos “pendellos”: construcción simple que, al resguardo de la lluvia, distribuía sus puestos entre los comerciantes que ofrecían su género en “banastas”: cestas planas y grandes. Y, para acabar, nombrar una excepción en el uso de los “pendellos”: en Pedrafita, aquí, se celebraba hace ya unos cuantos años una feria peculiar, al par de la general: la “dos cochos”.
ANCARES (I): VALCARCE-BALBOA-LA SOMOZA

Las nevadas dejaban incomunicados a estos pueblos algunos meses,por lo que acopiaban viveres para todo ese tiempo.
La vegetacion es espectacular ,las vistas parecen sacadas de un cuento de hadas.
El Rio Burbia famoso por suapreciada fauna piscicola,sus truchas son unicas.

La pizarra esta presente en las casas tipicas
Las tropas musulmanas, en su avance hacia Galicia, en tierras de Valcarce, sufrieron severas derrotas. Asimismo, durante la campaña de contención de los vikingos, fue arrasado todo el Valle del Valcarce. Y estos pagos pudieron ser asolados, como le acaeció a O Cebreiro, en la Guerra de la Independencia.
En buena parte de la Edad Media el Señorío del Valcárcel era territorio del Arzobispado de Compostela para, posteriormente, pasar a integrarse en la Diócesis de León. Un hecho relevante fue el establecimiento de un gravamen (portazgo) al que estaban sujetos todos los comerciantes, no peregrinos. Quizá el lugar exacto del pago estuviera en La Portela. Mas, ante los abusos cometidos, Alfonso VI (en 1702) lo suprimió, de lo que queda constancia documental. Sobre dos de las cuatro montañas vigías de A Veiga se construyeron dos castillos: el de Sarracín y el de Santa María de Autares. La defensa de la libertad ha sido una constante de Vega de Valcarce: así se dice que los Valcarce de se libraban de sus atacantes con las cinco estacas propias de su escudo heráldico.
En Balboa tuvo lugar una encarnizada batalla entre los “irmandiños” y los seguidores del Conde de Lemos. Después de la revuelta irmandiña el Castillo pasó a manos de los Rodríguez de Valcarce- cuya casa blasonada todavía está en pie- y, finalmente, a los Marqueses de Villafranca.
PARADASECA-RIBÓN:
Dª Urraca, hija de Alfonso VI, huyendo de los partidarios de Alfonso I de Aragón, se refugió por estos lares. Dio a luz en un hórreo, hoy restaurado, y continuó de camino a Santiago para acogerse a la protección de Gelmírez. En señal de gratitud, se concedió a todos los habitantes de la merindad carta de nobleza.
A finales del Siglo XXVIII, en Ribón se creó la Real Fábrica de Hierro Tirado, por orden de Fernando VII, cuyos restos se conservan.
ARTE Y PATRIMONIO:
El Castillo de Sarracín, único que perdura, fue construido en el S. XIV sobre una fortificación del X. Su denominación recuerda al Conde de Sarracín, hijo del Conde Gatón, aunque su propiedad era de los Marqueses de Villafranca. Desde ha bastantes años, se insistía en su rehabilitación con cargo al 1% Cultural pero, según lo visto, sin éxito. Añadir que este Castillo tuvo una época Templaria y fue asediado por los irmandiños. En Herrerías se construyó un Hospital llamado de “los Ingleses” con motivo de la Guerra de la Independencia.
Balboa también dispone de un Castillo: éste, prácticamente, sólo mantiene un torreón derruido. En su Ermita de Santa Marina, declarada de Interés Turístico, se observan unos altorrelieves barrocos. La Iglesia, con cabecera románica, tiene un añadido de torre y nave del S. XVI, así como un retablo manierista del S. XVII con imágenes y relieves.. El resto del conjunto es del S. XIV.
Dentro del apartado arqueológico, se ha de destacar la impresionante explotación aurífera de A Leitosa (Veigueliña – Paradaseca) que utilizaba el agua del Burbia según el sistema romano “ruina montium”, cuyos vestigios permanecen. En Teixeira, se ubican hórreos cubiertos de paja y “a cuatro aguas”. En Canteixeira se ha habilitado una “palloza-restaurante”. En Vilariños hay un conjunto de hórreos magnífico.
Como otros exponentes religiosos que no se pueden olvidar están: la ermita de Fombasallá- en su honor se celebra una romería-, escoltada por tres enormes pradairos o arces y desde cuya campa se otea todo El Bierzo, la emita de la Virgen del Carmen (en Quintela) que guarda la talla de San Eustaquio: patrón de los cazadores. Asimismo, es inexcusable referirse a: Parajís y la ermita del Santo Ángel de la Guarda, que tiene en su interior una figura que representa al demonio y que ha inspirado un sinfín de leyendas esotéricas; Vilariños con su capilla de la Virgen de las Nieves, la cual se acerca al atrio en días de tormenta para protección.
Y, en cuanto a lugares étnicos y paleontológicos, enumerar simplemente el Castro prerromano de Balboa y los potros, alguno de los cuales aún subsiste y las “famosas” pallozas de Campo del Agua.
Y, cómo no, las Pallozas de Balboa, testigos del ritual celta que se representa la noche de San Juan (todos los 23 de junio).
FLORA:
Por doquier, bosques de acebos, brezos, aulagas linarias, tojo espinoso, arándano negro, tejo (árbol mítico de celtas y astures), encinas carrascas, robles. En zonas de valle y resguardadas: chopos, alisos, sauces y abedules, avellanos, urces, pinos, nogales,...
En los espacios de pasto, brañas con vegetación frondosa reflejada en aguas cristalinas en las riberas de los cauces de agua. Otras especies a mencionar: capudres, escobas, piornos, árboles frutales, castaños,...Como curiosidad botánica, los Tejos de Lamagrande y Castañoso.
Ya, como singularidades vegetales, hay que aludir a los bosques húmedos de las cabeceras de los valles (viejos y primitivos): “morteiras”; los pastos de altura; los Tejos de Villar de Acero, Teixeira y Porcarizas, símbolos ancestrales de sabiduría, eternidad y deidades protectoras; los bosques típicos de ribera: humeiros, álamos, fresnos y salgueiras; alguna excepción de bosque mediterráneo (Puente del Rey): encinas, sufreiros (alcornoques) y madroños.
Y, por último, auténticos monumentos arbóreos de castaño: el Mirandelo de Pobladura de Somoza, el verrugoso de Porcarizas y el Campano de Villar de Acero- que pasa por ser el de mayor grosor de la Península.
FAUNA:
Ciervos, ginetas, lobos, gatos monteses y algún oso.
En los ríos trucheros acuden bastantes pescadores.
Balboa cuenta con una reserva nacional de caza con distintos especimenes (nutrias, cabras monteses) y con especies propiamente cantábricas, como el pito negro, el jabalí, el rebeco, águila real, águila culebrera, búho real, perdiz pardilla, lagarto verdinegro o lagartija colilarga.
GASTRONOMÍA:
Productos mayoritariamente bercianos y alguno de la cercana Galicia:
Caldo de berzas, lacón, chorizos escaldados con cachelos, botillo, empanada casera, cachelos con repollo, castañas con leche, pulpo “á feira”,...
También elaboraciones artesanales propias con miel, dulces, orujo, castañas, quesos,...
LEYENDAS Y COSTUMBRES:
Como toda Comarca cerrada, mal dotada de comunicaciones y aislada bastantes años a causa de las inclemencias meteorológicas, el terreno está abonado para el surgimiento de muchos cuentos y leyendas mágico-simbólicas, que relatan sus moradores ya mayores. Por lo cual, estos relatos se relacionan habitualmente con elementos cotidianos y naturales. Sólo se van a resumir algunos, a título orientativo:
EL CARBALLO DE PARAXÍS:
La tradición oral nos transmite un hecho relevante: a su cobijo, el Conde Gatón realizó un juramento desenvainando la “charrasca” (en alusión a algún arma). El contenido de lo jurado es todavía una incógnita.
O SANTO GRIAL:
En un día brumoso de invierno, un Peregrino alemán se perdió en el monte en la subida a O Cebreiro. Pero hete aquí que un pastor, con silbidos y cantares, lo fue encaminando hasta la aldea a la presencia del Santo Grial, en la Ermita de Santa María del Cebrero.
LOS TRATOS:
En las “feiras” de Vega- a las que acudían también gentes de Barjas, Balboa y Trabadelo y “feirantes” de ganado- se producía un regateo, en el cual a veces intervenían “amigables componedores” para acercar posturas. Logrado el trato, era habitual que el comprador invitase para sellar la transacción a “la robla” (un xarro de vinho).
Las ferias de Vega eran instaladas en el “Campo da Feira”, actual parque. En sus proximidades se habilitaban unos “pendellos”: construcción simple que, al resguardo de la lluvia, distribuía sus puestos entre los comerciantes que ofrecían su género en “banastas”: cestas planas y grandes. Y, para acabar, nombrar una excepción en el uso de los “pendellos”: en Pedrafita, aquí, se celebraba hace ya unos cuantos años una feria peculiar, al par de la general: la “dos cochos”.
FIB: El festival que surgió del Bierzo
Dos bercianos son los creadores y responsables del Festival Internacional de Benicàssim, eldecano, de mayor prestigio y tirón de los que se celebran en España. Este verano (17 al 20 de julio) cumplirán catorce ediciones de éxito en las que han visto y vivido de todo.
PACHO RODRÍGUEZ
Grandes actuaciones y enormes artistas encantados hasta con la mítica piscina del backstage. Diario de León se adentra en la historia y el presente de esta cita inexcusable. Y conoce las anécdotas confesables del FIB. ¿O es que han visto muchas veces a Amy Whinehouse jugando a las cartas desplumando a sus músicos?
El FIB es el festival que surgió del Bierzo. De San Facundo (Torre del Bierzo), para ser exactos, a Benicàssim en un vuelo pop directo pilotado por los hermanos Morán. De la pequeña localidad berciana son Miguel y José Morán, entonces dos entusiastas de la música y, después, pioneros, emprendedores y empresarios de una marca que ha situado a la localidad castellonense en el top ten de la música moderna europea. Podría decirse que Miguel y José Morán son dos estrellas del pop que han alcanzado el éxito gracias a un festival que ahora funciona como una máquina perfecta. Con mucho trabajo, eso sí, desde las oficinas de Callao, en Madrid, en donde, durante todo el año, se cuece lo que van a ser los cuatro días más jugosos del verano festivalero. Su gestión se basa en la verdad. El FIB Heineken, Festival Internacional de Benicàssim, pese a su envergadura, trascendencia e influencia más allá de España y de la música, no necesita de la artificialidad que ahora practican otros. Cabría pensar que sin un milímetro cuadrado de publicidad también sería un éxito. Pero se perdería un factor, en el que estos dos leoneses son auténticos magos, que consiste en cómo engrasar y calentar motores para que el público, los auténticos fibers, esperen la cita con la ansiedad de ser parte imprescindible de un evento que cumplirá su décimocuarta edición con una salud musical y artística excelente.
Todo empezó cuando Miguel y José Morán, junto al también berciano Luis Calvo (propietario de la discográfica Elefant Records) y otro activista independiente, Joako Ezpeleta, decidieron pasar a la acción. Los conciertos a los que iban estaban bien, pero veían que podrían estar mejor y que en España no había un formato de festival con el pop y la imaginación como banderas. Los había de otras naturalezas artísticas y existía el Sonar catalán, entonces más limitado a la electrónica, y que junto con el FIB, es el verdadero orgullo patrio y punta de lanza de la marabunta que ahora se vive en materia de festivales, donde resulta que ahora hay mucho ruido y pocas nueces. Por el medio, los hermanos Morán también tenían un local en Madrid, el Maravillas, en San Vicente Ferrer, que convirtieron en templo y lugar de peregrinación de la escena indie.
Un viernes, 4 de agosto del lejano 1995, el FIB abrió sus puertas. Tocaban The Charlatans, Ride, Los Planetas¿ En realidad, lo que se abrió ese día fueron las puertas de la historia reciente del pop español e internacional. Este 2008 llega con un impensable empuje después de tantos años. En la oficina de Callao se trabaja a destajo para que todo esté a punto. Miguel Morán ejerce de viajero de la dirección del festival y casi pasa más tiempo en Benicàssim que en ningún otro sitio. Tiene un hijo, que sí consigue que, pase lo que pase, esté con él lo suyo. Su hermano Jose, ya sin acento, está casado. Aborda desde la central de Maraworld, nombre de la empresa que gestiona todo, un sinfín de asuntos. Está en mil temas. Hace un hueco imposible para atender a Diario de León. Habla uno, pero representa a los dos. Sin fisuras. En eso también son ejemplares.
La cosa ha crecido tanto que este año por los escenarios del FIB Heineken, denominación actual, pasarán nombres de la talla de Leonard Cohen, Enrique Morente y Lagartija Nick, Morrissey, Gnarls Barkley, Tricky, My Bloody Valentine, Mika, Babishambles¿ y así hasta unos cien artistas ya anunciados dentro de una completa programación de arte, cortos, moda, teatro, danza o cursos, en una oportunidad única para respirar y empaparse de la cultura actual de vanguardia.
José Morán hace de portavoz de este invento bicéfalo y fraternal, que tantas satisfacciones ha deparado a los amantes de la buena música. Después de catorce años sólo hace falta mirar el cartel para obviar la pregunta de si tanto tiempo desgasta. Pasemos a la segunda:
-De aquel primer año, con The Charlatans, Los Planetas¿, ¿qué recuerdos tiene del formidable lío en el que empezaban a embarcarse? ¿Recuerda la primera firma del primer contrato?
-No. No recuerdo cuál fue el primer grupo que confirmamos. Pero sí el momento de abrir las puertas. Que fue con mucha presión, emocionante y con un poco de sufrimiento. Éramos cuatro tíos con muchas ganas y poca experiencia.
-Como ustedes fueron pioneros en esto, ¿les costó mucho convencer a marcas o entidades para explicar, que lo entendieran y que se implicaran en el proyecto?
-El que da primero se lleva lo suyo pero también el trabajo de abrir mercado. Benicàssim ha significado la expansión de un sector inexistente. Hubo que abrir mercado con los sponsors, con los grupos, con los agentes, con la gente que organizaba conciertos sólo en Madrid, Barcelona y Valencia. Incluso hubo que hacer un trabajo conjunto en el aspecto técnico, para que las empresas de luz, sonido o de escenario se renovasen para ofrecer mejores productos. También hubo que convencer a la prensa. Nos llevamos la gloria y hemos podido abrir camino. La pena es que haya llegado gente que sin un camino serio quieran estar a la misma altura que nosotros o el Sonar, por ejemplo.
-Cuanto más se acerca la fecha, ¿a partir de qué día es mejor no hacerle una llamada de cortesía para preguntarle qué tal va la cosa?
-Hay dos fases. El mes de junio, aunque no lo parezca, es casi más complicado. Hay que ajustar todas las áreas. Es el momento de unificar. El mes del festival hay muchísimo trabajo, pero ya está todo más delimitado. Aunque el ritmo de trabajo es un poco loco. 13 ó 14 horas al día. Pero ya estamos acostumbrados a esa presión y un tenemos un gran equipo de trabajo en el que se puede confiar.
-¿Con qué artistas míticos ha tenido la agradable sensación de encontrar personas normales?
-En general, la gente que hace música son buenas personas. Podrán ser más egocéntricos o menos, pero tienen una actitud abierta hacia los demás. Otra cosa es acercarse como fan para hacerse fotos. Nuestra relación con ellos es esporádica. Estamos todos trabajando y el contacto es breve y frágil como para entablar una amistad. En estos años sí podría decirte que con The Chemical Brothers puede que haya un contacto mayor, pero lo normal es que se quede en la relación emocional de haber trabajado juntos.
Ustedes podrían escribir un libro de anécdotas inconfesables de los grupos que han pasado por el FIB¿
Tratamos de no airear esos aspectos¿ También es nuestro trabajo ser discretos. Hay momentos de tensión y otros graciosos. Fíjate que hay artistas que igual llevan cuatro meses sin pisar su casa, porque están de gira. Pasas páginas y ya está. Hay cosas, sí, como el top less de Pj Harvey en el 98 o los padres de Robert Smith sentados a pie de escenario. O Morrissey negándose a que hubiera olor a carne en el backstage. O Amy Whinehouse jugando a las cartas desplumando a sus músicos¿ Son chorraditas, cosas bonitas o entrañables que han pasado todos estos años.
-Por cierto, ¿qué opinión tiene de todo lo que rodea a Amy Whinehouse? ¿Todo ese lío no es malo para la música?
-Sí, pero es algo que ocurre en toda la sociedad. No soy quién para juzgar. Lo que es evidente es que ella tiene un problema grave que debe solucionar. Todo el mundo tiene que saber elegir. De todas formas, ella, musicalmente, me parece brutal.
-Si hay algo que tiene fama es la mítica piscina de los artistas. ¿Hay tan buen rollo como se dice?
-Lo que es mítico es que haya una gran piscina en el backstage. A la gente le resulta curioso. Hace años cuando llamábamos a alguien decía: ¡Ah, Benicassim! ¡La piscina!
-Hablando de esta edición de 2008, ¿en dónde cree que está el equilibrio del cartel?
-Creo que está en la coherencia de una cartel que tiene nuevas bandas, nuevos artistas, los de máxima actualidad y que también acoge a otros que han sido y son influencia y tienen todavía cosas que decir. Ahí cabe casi todo. Leonard Cohen, por ejemplo. Como ahora competimos también con España, hay un buen ramillete de segundas opciones que, en realidad, son artistas de primera.
-Además de Cohen, la presencia de Morente es digna de elogio. ¿Qué cree que va a suponer su presencia? -El disco Omega , para todos los amantes de la música, ha sido muy importante. Fue uno de los discos más interesantes y curiosos de los noventa. Va a ser un show muy especial. Por supuesto, con Lagartija Nick, pero también con otros músicos y con su hija Estrella.
-También hay más grupos españoles. ¿Se atreve a hacer un diagnóstico de la situación musical actual? ¿Hay algo que le emocione?
-Creo que en España está comenzando a nacer una nueva escena. Con grupos con más actitud en el escenario y que cuidan el concepto de show visual. A finales de los noventa, se vendía lo contrario. También hay ya una mayor tendencia a cantar en español. La Casa Azul, El Hijo, El Columpio Asesino, Virus, Krakovia¿ Pienso que de aquí a cuatro o cinco años saldrán grandes grupos.
-Respecto a los festivales, ¿esto es una plaga de topillos o una fructífera abundancia?
-Yo creo que obedece a una costumbre que no sé si es propia de España o también pasa en otros sitios. Hay gente que intenta subirse al carro sin desarrollar ideas y termina cayendo en la imitación. Nosotros ofrecemos veinte cosas más. Lo que pasa es que sí que se confunde un poco al público.
-¿Por qué Benicàssim?
-Fue una casualidad. Buscábamos un lugar costero. Unos amigos, también de León, vivían en Benicàssim y nos contactaron con un concejal que recibió la idea y nos abrió la puerta. No teníamos ni estudio de mercado, ni geográfico, ni nada. Éramos demasiado jóvenes e inexpertos.
-¿Cómo fue el aterrizaje de los hermanos Morán en Madrid con la sala Maravillas? ¿De dónde provenían entonces? ¿No tenían tentaciones musicales?
-Yo sí. Tocaba la batería. Yo fui a Madrid a aprender a tocar, pero éramos mediocres¿ Me dio, eso sí, una visión especial. Miguel ya vivía allí. Al entrar en contacto con Luis Calvo fue cuando empezamos a pensar en crear un club que acogiera música en directo y que diera cabida a la música que nos gustaba.
-¿Y esa B de FIB nunca querrá decir Bierzo, por ejemplo?
-León se merecería un gran festival. Pero se depende en gran medida de las instituciones. Se ve que ningún político ha visto la idea. Nosotros tampoco nos lo hemos planteado.
O bierzo é galego Bierzo Galiza Ponferrada
quedan a la altura del betun ...
"pa COJONES los del Bierzo".
Los dos partidos representativos del NACIONALISMO BERCIANO (PB y PRB) reniegan ROTUNDAMENTE del nuevo partido que preconiza la union del Bierzo con Galicia.
Ellos REIVINDICAN en su ideario a largo plazo , el ser independientes de España con sus paises hermanos , Euskadi , Cataluña y Galicia.
¡¡¡BIERZO INDEPENDIENTE !!!
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O bierzo é Galiza,vinho da 5º provincia Galiza ceive O bierzo é galego.Terra Navia-Eu é Galiza.Val do Ibias é galego.Cabreira é galega.Seabra é galego.Todos falamos em galego.
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Comentario de su autor ...
Esta canción es una cutrísima maqueta casera de 1998, efectivamente para llevar a directo con ese grupo del que habláis. Éramos unos chavalines a punto de entrar en el instituto ( Gil y Carrasco ) Jajaja !!!
La grabé con un teclado Yamaha y la función "karaoke" de la cadena musical. Joder qué alegría más grande y qué verguenza a la vez !!!
Gracias al que la haya subido !!! :)
Puente sobre el río Sil.
Un paso de peregrinos sobre el río Sil
Un paso de peregrinos sobre el río Sil
La ciudad de Ponferrada nació gracias al río Sil. Un río es a un tiempo frontera física y lugar de paso, linde entre líneas y pueblos, o mirada que se abraza de orilla a orilla. El río Sil era lugar de paso obligado en los caminos de la Meseta al Mar y del Mar a la Meseta. Los primeros exploradores (andando el tiempo se llamaron peregrinos) buscaban los vados. No siempre era fácil. En primavera el río se crecía y las avenidas cambiaban los fondos y bajíos. Quizás por ello los romeros venían en septiembre, cuando el río baja bebido por la sed del verano.
En las orillas del valle más cómodo no crecía la hierba: se hizo camino. Aquí hubo barcas y barqueros: pequeñas almadías de tablas y troncos entrelazados con cuerdas de cáñamo. Las caballerías, por no pagar el peaje, pasaban a veces a nado, atadas por el ronzal, boqueando tras la barcaza.
El río determinó el vado, el vado se hizo paso, el paso puente, y el puente, ciudad: hospital y posada de peregrinos, castillo. Los caminantes temían al río y lo respetaban: sus crecidas hacían fértiles las huertas del Sacramento, cuyo pimientos lograron fama propia, acrecentada, cuando adornaban una fuente de truchas.
Las casas de la ciudad se prolongaban por las laderas del río: era lavadero y tendedero, pozo y cloaca, guardería infantil y piscina municipal. Lo era todo a un tiempo: hogar e industria. A la orilla del río hubo un balneario, molinos, una fábrica de jabón, areneras y pequeñas centrales eléctricas.
Un día aciago la ciudad traicionó a su río. Las casas que antaño se quedaban de piedra contemplando el incesante fluir de las aguas, fueron girándose, retorcidas, al tiempo que se estiraban en el aire, y dieron la espalda al río.
Ahora las casas se miraban unas a las otras desde orillas de cemento, divididas por ríos de asfalto en los que vadear llegó a ser más peligroso que en la más caudalosa de las crecidas.
Se adueñó de la ciudad y de sus vecinos muy extraña fiebre: la peste negra. Bajo los campos verdes había árboles petrificados: tejieron túneles y galerías y muchos hombres murieron. Una mancha negra creció en torno a la ciudad y pronto el cáncer invadió sus pulmones: un lavadero, un quiste de carbonilla, una escombrera, un tumor desaforado.
La ciudad prosiguió su carrera insensata: las aguas cristalinas del río se hicieron turbias y las piedras limpias se tapizaron de lodos negros, como la peste que asolaba a la ciudad. Los niños dejaron de bañarse en las pozas conocidas y los más valientes, que se arrojaban desde el puente por un duro, crecieron añorando las piscinas naturales y los trampolines improvisados en las ramas de un chopo caído o de un sauce aventurado sobre las aguas.
Veinte años más tarde aquellos mismos niños que buceaban en las pozas advirtieron que sus hijos no iban al río y construyeron pozas de cemento y trampolines con barandillas de hierro pintadas de azul. Así, los niños nuevos aprendieron a nadar sin llegar a bañarse nunca en el río de la ciudad.
El río se murió de pena y de asco: llegó a tener las aguas putrefactas, en las orillas donde las mujeres tendían la ropa crecieron las zarzas y bajo los rastrojos, atraídas por la abundancia de desperdicios, se multiplicaron las ratas. Bajo los puentes plantaban sus tiendas de lona, a veces, los gitanos. Las huertas se transformaron en solares, se cerraron los molinos y las fábricas. Aquellos mismos niños que nunca se bañaron en las aguas negras, salían en primavera con escopetas de aire comprimido y, cuando comenzaron a escasear los estorninos, hacían puntería reventando balines en los vientres de las ratas.
La ciudad había aprendido a despreciarse a sí misma.Introducción
Introducción
El monumento dedicado a Nicéphore Niépce en Saint-Loup-de-Varennes (Borgoña) data la invención de la fotografía en 1822, pero investigaciones más recientes sitúan «la primera fotografía de la historia» en 1816, cuando Niépce lograr fijar por vez primera una imagen de la cámara oscura sobre papel tratado con cloruro de plata.
Veinte años después, en 1839, el parisino Daguerre, continuador de los trabajos de Niépce, presenta ante la Academia de Ciencias un procedimiento fotográfico basado en una placa de cobre plateado revelada con vapores de mercurio y fijada con hiposulfito. El verdadero Cristóbal Colón de la fotografía, Niépce, ya había muerto cuando Daguerre –nuestro Américo Vespucio– dio su nombre al daguerrotipo».
El procedimiento del daguerrotipo inicia, a partir de 1840, la expansión imparable de la técnica y el arte fotográficos: evolucionan las cámaras, aparece la placa seca de gelatino-bromuro (1871) o la placa de cristal estereoscópica (1838) que, contemplada con un visor binocular, da sensación de relieve, ya anticipada por Leonardo da Vinci.
El mundo entero comienza a interesarse por el nuevo fenómeno que conquista por igual a científicos de renombre, como Ramón y Cajal, que a reyes, o a los campesinos que posan entusiasmados ante el caballete de feria.
Si el 7 de enero d 1839 es la fecha de difusión pública del daguerrotipo, apenas diez meses después, el 10 de noviembre, se reproduce en Barcelona el primer daguerrotipo, con una cámara que costó a la Real Academia de Ciencias y Artes 1.946 reales de vellón. Había sido adquirida a propuesta de Felipe Monlau, catalán residente en París que seguía de cerca la evolución del invento fotográfico.
Casi simultáneamente, el químico Juan Pérez y Camps reproduce el primer daguerrotipo en Madrid. Es curioso observar que estos precursores, tan bien informados de lo que ocurría en París, operaban aisladamente, sin saber unos de los otros.
La expansión de la fotografía en las décadas siguientes se opera progresivamente por todo el país, afirmándose el fenómeno entre el público con la aparición de los «estudios de retratos», que harán furor en las calles principales de las grandes capitales a partir de 1860.
Son célebres en esta época los estudios de Laurent en la Puerta del Sol, de Emili Fernández en Barcelona, de José Sierra Payba en Sevilla o de Judez en Zaragoza. A partir de este momento y especialmente con el nuevo siglo, la fotografía ya no faltará en ningún acontecimiento de la vida española, desde una boda popular al encuentro de Isabel II con sor Patrocinio o la ejecución de Angiolillo, el asesino de Cánovas.
En Galicia –cuya proximidad con El Bierzo nos interesa– el daguerrotipo entra por A Coruña en 1843 (E. Luar) y alcanza relevancia social con ocasión de la Exposición Regional de Santiago (1858). Al año siguiente, Cisneros instala la Galería Talbot Fotográfica en la Rúa Nova de Santiago y, pronto, a los retratistas sucederán los paisajistas con álbumes como Compostela monumental (1882) o Galicia pintoresca, de Prosperi. Era la época de las placas de cristal de gelatino-bromuro que se popularizan con el cambio de siglo; pronto surgen los aficionados a la fotografía y, hacia 1905, el boom de la postal.
Orígenes de la fotografía en el Bierzo
A pesar de la cercanía de Galicia y León, los datos disponibles sobre la llegada de la fotografía al Bierzo no permiten datar con exactitud la fecha en que la primera cámara o el primer estereoscopio cruzaron los puertos de Manzanal, Pedrafita o Pajares, posiblemente en la penúltima década del siglo pasado.
Aunque El Bierzo se considera tradicionalmente tierra de paso, el paso no era tan fácil: Napoleón se quedó en Astorga, la diligencia Ponferrada-Ourense tardaba veintiuna horas, y el ferrocarril estuvo años atascado en Brañuelas. Precisamente en Brañuelas toma el coche-correo a Vigo el famoso viajero Charles Davillier, en 1963. Cuando Davillier cruza El Bierzo desconocía la fotografía, pues se hace acompañar del dibujante Gustavo Doré. La secular incomunicación no era un tópico: «El país, extraordinariamente salvaje –escribe Davillier en Villafranca–, se hace cada vez más accidentado. En los pueblos donde para la diligencia, algunas jóvenes nos ofrecen vasos de agua, frutas y leche».
La primera locomotora llegó a Ponferrada en 1882 y las comunicaciones ferroviarias con Galicia no se completaron hasta 1883, año en que Alfonso XII inaugura el tramo Madrid-Coruña. Posiblemente este año, 1883, y este viaje real, sean la vía de paso de los primeros fotógrafos. Más allá de la vía férrea, los retratistas ambulantes, de apellidos extranjeros, se aventuran en caballerías, como Hans Gadow, que en 1895 recorre Riaño, Astorga, Ponferrada, Villafranca e incluso llega hasta la aldea de Burbia, en Ancares. Gadow saca instantáneas de valor etnográfico, pioneras en la historia de la fotografía leonesa.
Por lo demás, en la lista de casi mil fotógrafos anteriores a 1900 que enumera Fontanella, únicamente se mencionan dos fotógrafos leoneses, J.M. Cordeiro (1871) y Gracia, ninguno de ellos en El Bierzo.
Así pues, la llegada de la primera cámara fotográfica al Bierzo, debe situarse entre la consolidación técnica de la placa seca de gelatino-bromuro (1871) y la llegada del ferrocarril (1882). De hecho, las fotos más antiguas que publicamos son placas de cristal de 1880-1883, en las que el autor –posiblemente un ingeniero vinculado a la construcción del ferrocarril– recoge los trabajos de la draga y la sonda en el río Sil a su paso por Toral y La Barosa: la construcción de los puentes de la Lagartera, Rairós, El Paso y del Estrecho, etc. Aunque esta importante serie de placas no tiene fecha, es evidente que son anteriores al 1 de septiembre de 1883, día en que los reyes Alfonso XII y María Cristina cruzan por primera vez el puente del Estrecho, tras dormir en un furgón del Tren Real, en la estación de Toral de los Vados.
Tres años más tarde, en 1886, aparecen datadas dos magníficas fotos en color sepia del claustro de profesores y alumnos del Instituto de Ponferrada en el curso (1886-1887). La serie de placas de cristal de 1880-1882 y estas dos joyas de 1886 son, cronológicamente, los puntos de referencia más lejanos en la pequeña historia de la fotografía berciana.
Con la vía de penetración del ferrocarril, la fotografía entra en los acontecimientos sociales y familiares (procesiones, ferias, fiestas en el Cristo, bailes de carnaval, bodas, viajes) y en sucesos noticiosos que anticipan el futuro fotoperiodismo (accidente de un avión, funambulistas encaramados a la Torre de la Encina, competiciones de esgrima, etc.).
Los focos de atracción fotográfica se polarizan en torno a la pequeña burguesía local, hasta que surge la impresión de postales que, a partir de 1910, alcanzarán gran auge (en aquella época llegaron a venderse millones de postales. Baste un ejemplo: entre 1902 y 1905 se vendieron en España 180.000 colecciones de la serie Kaulak, ¡Quién supiera escribir!, de 10 tarjetas cada una, a 15 céntimos la postal). Muy pronto, las postales también llegarían a ser populares en El Bierzo, donde la imprenta de Veremundo Nieto o comercios como Confitería Romero inician su impresión. Sólo en Ponferrada hemos catalogado una veintena de series, la mayor parte de ellas incompletas, lo que indica el escaso interés prestado a su conservación.
Con el nuevo siglo, el fenómeno social de la fotografía puede considerarse definitivamente implantado en El Bierzo y su desarrollo correrá igual suerte que en el resto del país: una suerte dudosa, pues, contemplando las viejas fotografías, hemos experimentado con frecuencia la sensación de que las postales y retratos actuales no han logrado mejorar la calidad, la belleza y el encanto conseguidos por los pioneros. Este libro es prueba de ello.
El trabajo que aquí se presenta tomó como punto de partida «El álbum de don Adelino», extraordinaria colección de postales y fotos antiguas de Ponferrada, salpicadas de sabrosos comentarios y amenas curiosidades.
Su autor, don Adelino Pérez Gómez (1901-1990), pertenecía a una de las familias tradicionales de Ponferrada: su abuelo materno, don Rufino Gómez García, fue el introductor de la electricidad en Ponferrada, a finales de siglo. Personaje activo en la vida local ponferradina, don Adelino fue socio fundador de la Deportiva, fue alcalde y concejal del Ayuntamiento de Ponferrada en la postguerra, e impulsor de celebraciones religiosas como la peregrinación de la Virgen de la Encina por El Bierzo o, especialmente, de la tradicional Semana Santa ponferradina, siendo mayordomo de la Hermandad de Jesús Nazareno. Además de elaborar su «Álbum», don Adelino escribió las obras de teatro Estampas ponferradinas y Morenica de mis amores (evocación de las bodas de plata de la Coronación de la Virgen de la Encina); en 1975 recibió un homenaje popular en el Casino La Tertulia y se dio su nombre a una calle de la ciudad a la que había dedicado tantos esfuerzos.
«El álbum de don Adelino» consta de casi un centenar de hojas en las que don Adelino mezclaba postales antiguas y modernas, fotografías, imágenes de la Virgen de la Encina, anotaciones manuscritas, pies de foto escritos a máquina en tiras de papel, etc.
Ese álbum de recuerdos que todo el mundo hace alguna vez de su familia, don Adelino lo hizo durante años de su gran familia de vecinos ponferradinos pues, sin duda, él sentía nuestro Casco Antiguo como su propia casa. Por ello «El álbum de don Adelino» es familiar, doméstico, casi íntimo. Tiene todo el encanto y la ternura de las cosas hechas con cariño. Por esta misma razón, carece de rigor histórico: las fechas de don Adelino deben entenderse siempre como indicativas o aproximadas, incluso a veces poco aproximadas, en su afán por dar más antigüedad a fotografías y postales y a lo que éstas representan.
La ausencia de rigor no empaña el valor documental del «Álbum», cuyas anotaciones son siempre interesantes, ni mengua el mérito de su autor al recoger, guardar y conservar cuidadosamente nuestro patrimonio fotográfico y, con él, la memoria del patrimonio arquitectónico, tan arruinado y destruido. Piénsese que gracias a la fotografía tenemos hoy constancia exacta de cómo eran y dónde se hallaban edificios de valor singular y desaparecidos para siempre, para desgracia y vergüenza de los ponferradinos: el Castillo (derruido a partir de 1850), el Arco del Pairaisín († 1940), la ermita del Sacramento († 1959), el Convento de San Agustín y el Teatro († 1963), la iglesia barroca de San Pedro († 1963), la Bóveda († años sesenta), el puente de piedra sobre el río Sil († 1953), el campo de fútbol de Santa Marta († 1974), el cementerio del Carmen († 1965) etc.
Ésta es la aportación más valiosa del «Álbum», gracias a la gran colección de postales reunidas apasionadamente por don Adelino. Harto de que se las robaran cada vez que las prestaba, escribió a máquina su nombre en muchas, cosa que hoy resulta molesta estética y documentalmente. Ello no impidió que le siguieran mangando postales y, de hecho, algunas de las que se reproducen las hemos localizado en segundas y terceras fuentes.
A pesar de los desaprensivos, el «Álbum» viajó intensamente por los hogares ponferradinos. Don Adelino lo prestaba a quien se lo pedía e incluso lo ofrecía a colegios y academias, que lo hacían circular en sus aulas, entre los alumnos. Un auténtico apostolado cultural ponferradino, que él mismo definió así: «En mi locura de amor a Ponferrada, os ofrezco este álbum con fotografías que evocan tiempos pretéritos llenos de historia, figurando en destacado lugar nuestra Reina celestial y Patrona de este Bierzo encantador, la Santísima Virgen de la Encina».
El Álbum del Bierzo (1880-1936)
En 1989, los autores de esta obra participamos en la creación de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo de Ponferrada y desarrollamos durante un año una notable actividad en defensa de nuestro patrimonio arquitectónico, De aquella pelea, quizás no del todo estéril, quedo testimonio en nuestro libro El Casco Antiguo de Ponferrada ante su Plan Especial.
Aquel esfuerzo por acercarnos más al Casco Antiguo, pateándolo un día y otro, conversando con los vecinos, descubriendo sus rincones, nos hizo tomar conciencia de dos hechos: la ciudad arquitectónica de la vieja trama urbana de Ponferrada y el gran deterioro en que estaba y está sumida. Fue entonces cuando comenzamos a indagar en las fotografías antiguas de la ciudad, a propósito de una exposición sobre el Plan Especial (que al escribir estas líneas sigue sin ser aprobado). Tres años después pasamos el relevo de la Asociación a otros vecinos, pero continuamos la búsqueda de fotos, contagiados de algún extraño veneno fotográfico, tal vez cloruro de plata.
Siguiendo los pasos de don Adelino, al que esta obra rinde homenaje, nuestra primera labor fue continuar y completar su colección de postales, lo que ha sido de los trabajos más entretenidos de este libro. La búsqueda de postales nos ha llevado a recorrer docenas de librerías de viejo y baratillos en los rastros de Madrid, Barcelona, A Coruña, Oviedo, León y Santiago de Compostela. Hemos visto preciosas y tentadoras postales de los más diversos lugares; pero, entre cientos y cientos, encontramos muy pocas de Ponferrada, Villafranca o Bembibre. A veces, cansados de no encontrar lo buscado, pudo más el fetichismo y, enamorados de una postal coloreada de Sevilla o de Mondariz-Balneario, la adquirimos secretamente, a modo de consuelo.
Poseídos por la enfermedad del cloruro de plata, continuamos la labor de don Adelino, con el objetivo de recuperar la memoria de nuestro patrimonio. La memoria es mucho más que el recuerdo. Recuerdos, cada cual tiene los suyos y por ello los jóvenes bercianos jamás poseerán el recuerdo de cómo fue antes de nacer su valle, su ciudad, la plaza mayor de su pueblo, o cómo trabajaban o se divertían los convecinos de principios de siglo. Cuando no existe el recuerdo –porque algunos mayores los han olvidado, o porque los jóvenes no lo han tenido– es necesaria la memoria, esto es, la voluntad de aprehender el pasado para comprender mejor nuestro presente.
He aquí, pues, nuestra aportación a «las fuentes de la memoria», en palabras que sirven de título a un vasto proyecto coordinado por Publio López Mondéjar. Este Álbum es una aportación valiosa, pero sin pretensiones de tesis históricas; ni es ni pretende ser una historia de la fotografía en El Bierzo, capítulo de nuestra historia que, como otros, está por hacer.
Por el contrario, hemos procurado excitar la memoria en el lector, despertar el amor por nuestro patrimonio en los más jóvenes, y alertar en todos el sentido crítico para salvar y recuperar las especies fotográficas en grave peligro de extinción.
En nuestra primera intención, se llamó «El álbum de Ponferrada y del Bierzo», pero debemos a Ramón Carnicer la oportuna precisión de suprimir el artículo determinado. Sea pues, no «el álbum», sino Álbum del Bierzo a secas, y vengan pronto más y mejores álbumes a cargarnos las alforjas de estampas memorables, pues aquí no están –ni mucho menos– todas las fuentes de la memoria berciana; ni siquiera todas las fuentes fotográficas, que son mucho más extensas.
La que se publica ahora es una primera selección, escogida entre más de un millar que han sido depositadas en los fondos de la Filmoteca de Castilla y León. El lector tiene ante sí un ejército de imágenes y testimonios que pone cerco al olvido. Queda así su pasado el testigo a nuestros hijos para que continúen la labor y no pierdan la memoria de sus orígenes.
Ámbito cronológico y geográfico
Este Álbum del Bierzo comprende desde la llegada de las primeras fotografías al Bierzo, en las últimas décadas del siglo pasado, hasta la Guerra Incivil (1880-1936).
Hacia atrás no hubo metodológicamente otra limitación que la mera carencia de fotografías anteriores a 1880; nuestra intención y nuestra búsqueda han sido exhaustivas, pero los resultados son los que se ofrecen.
Hacia adelante, sin embargo, era preciso poner un límite y hay varias razones obvias para detenerse en 1936. Primera, con la Guerra se produce una ruptura en la pacífica estética familiar de los años veinte. Durante la guerra se afianza una suerte de fotoperiodismo (al estilo de Robert Capa) que nada tiene que ver con lo anterior.
Segunda, en la postguerra, tras un paréntesis en el que la fotografía es postergada por necesidades más perentorias, comienza a surgir un tipo de fotografías en blanco y negro, de pequeño formato, con bordes irregulares y estética cutre (especialmente en contraste con los espléndidos retratos y postales de la época anterior). De esas pequeñas fotos dentadas que enviaba el quinto a su novia desde el cuartel, podríamos encontrar centenares en los álbumes familiares de todos los bercianos. Como nuestro Álbum se detiene en 1936, algún día habrá quien tenga el gusto y la paciencia de continuarlo, y no le faltará material. Por excepción, incluimos algunas fotografías posteriores a 1936 que nos parecieron convenientes para documentar algún edificio o episodio singular.
Hay una tercera razón para concentrar nuestro esfuerzo en las primera décadas: con el final de siglo muere también físicamente la última generación de personas que guardan la memoria viva de aquella época y que puedan contarnos de palabra lo que las fotografías conservan para siempre. Ferias, mercados, tradiciones, desaparecidas, edificios destruidos por la piqueta del «progreso», personajes y familiares ausentes... Era urgente hacer esta recopilación porque dentro de diez años apenas quedarán estas fuentes vivas de la memoria. Tenemos la certeza de que, repasando las páginas de este Álbum, muchos testimonios se avivarán y fluirá, de abuelos a nietos, el caudal rico de sus recuerdos.
Por último, el ámbito geográfico de la obra es, sencillamente, El Bierzo. En consecuencia, ponga cada lector, berciano o no, sus límites donde guste, que los autores se llaman andanas en cosa de ponerle puertas al campo. En esta encrucijada de caminos, y por tratarse de un álbum de recuerdos, no hay otra frontera que la del afecto. Y cada cual se apañe con el suyo.
Algunas tareas pendientes para la historia de la fotografía berciana
La publicación de esta selección culmina nuestro esfuerzo, pero debería de ser estímulo para el inicio de otros trabajos necesarios. De hecho, nuestro libro fue concebido en principio como una obra en tres tomos dedicados a las principales villas y a sus respectivos entornos.
De aquella obra se desgajó un primer tomo, Álbum de Bembibre, publicado por Manuel Domínguez y Valentín Carrera, editado por el Ayuntamiento de Bembibre en junio de 1994, con motivo de la Salida del Santa «Ecce Homo». En esta obra publicamos una selección de más de doscientas imágenes de Bembibre y del Bierzo Alto, pertenecientes a la colección de los autores, depositada en la Filmoteca de Castilla y León, razón por la que ahora se incluye una selección de Bembibre simbólica.
En el caso de Villafranca, el libro está por hacer, pero Consuelo Álvarez de Toledo y la Asociación de Amigos de Villafranca han iniciado el trabajo de recopilación fotográfica, por lo que pronto tendremos un tercer tomo, que ojalá no sea el último. Por ello nos hemos limitado a otra selección igualmente simbólica.
Estas circunstancias explican el mayor peso específico que tiene aquí la ciudad de Ponferrada, unido el hecho de que el origen del libro fue «El álbum de don Adelino», netamente ponferradino.
Por lo demás, hechos históricos como la llegada del ferrocarril, la expansión minera de 1918 o las romerías marianas, fueron comunes a toda la comarca del Bierzo. Sin querer ser exhaustivos (las exclusiones eran inevitables por motivos de espacio), el lector encontrará fotografías de numerosos lugares bercianos: Cacabelos, San Miguel de las Dueñas, La Barosa, Quereño, Tremor, Cubillos, Campo, Villablino, Noceda, Los Barrios, San Andrés de las Puentes, Rimor, etc.
Sin embargo, estos y otros lugares siguen siendo hontanares abiertos de la memoria. Además del futuro libro de Villafranca, hay otros trabajos pendientes que sugerimos a los jóvenes que hoy estudian bachillerato.
Una de las primeras tareas debiera ser una monografía dedicada al fotógrafo ponferradino Arturo González Nieto, fotógrafo de la infanta real apodada «La Chata». Arturo González Nieto estudió en Granada, donde tuvo estudio fotográfico. En su tierra retrató con gusto la vida social ponferradina: excursiones campestres, fiestas en las fincas señoriales del Boeza (familia Matinot), de Campo (familia Valdés) o de Cubillos. Fue el cronista principal de los actos de la Coronación de la Virgen de la Encina (1908). Durante veinte años publicó en revistas de la época y ganó importantes premios; la Guerra Civil lo cogió en el Japón, de donde regresó enfermo. Falleció en Altea en 1938. Su memoria y buena parte de su obra las ha conservado celosamente María Teijelo.
Hay otras colecciones privadas que deben ser recuperadas, catalogadas y publicadas urgentemente. En Villafranca , la de Alejo Carnicer y Balbino Álvarez de Toledo. En Ponferrada, la de Severo Gómez Núñez, Valdés, Pedro F. Matachana e Ignacio Fidalgo (semanario «Aquiana»); entre otros. En Bembibre, el tesoro estético de Bernardo Alonso Villarejo.
Por último, para completar la historia de la fotografía en El Bierzo, será preciso también seguir el rastro a las fotos de S. Esperón en Toledo, L. Roisin en Barcelona, Ksdo en Galicia y los fondos de la Fundación Fermín Penzol en Vigo. Quizás entonces aparezcan algunas de las fotos que nos hubiera gustado encontrar: imágenes de la Casa-cuna en la calle Cruz de Miranda, del interior de la iglesia de San Pedro, de los molinos de las Huertas del Sacramento y de la Borriquita que había en la ermita, de la capilla del Cristo... y tantas otras.
En contraste con la generosa entrega de don Adelino, que dejaba su Álbum, a todos, en nuestra búsqueda no faltó algún que otro coleccionista tan celoso de su tesoro que no hubo forma de acceder a él, pero ni siquiera recordamos sus nombres...
Sí debemos mencionar, en cambio, con toda nuestra gratitud, a las muchas personas y familias que nos abrieron sus casas y nos permitieron acceder a sus colecciones y recuerdos familiares. A todos –incluso, si olvidáramos mencionar a alguien–, nuestro sincero reconocimiento.
Tenemos que comenzar por Carmela Nieto que, como una nueva Santa Egeria, removió Roma con Santiago y se convirtió en la más entusiasta buscadora de fotografías: no pasaba día sin dejarnos un sobre escrito por dentro y por fuera con dos o tres fotografías, una fotocopia o cualquier hallazgo sorprendente. María Teijelo nos facilitó amablemente una treintena de excelente fotografías de Arturo González Nieto y numerosos datos y revistas de interés. Pepe y Nino Cubelos, con el entusiasmo que les caracteriza, pusieron su granito de arena en el tema de la Deportiva Ponferradina, que completaron con otros aportaciones Angélica Pacios y Enriqueta Quiroga. La familia de Amalio Fernández también contribuyó, aunque la obra de Amalio –publicada en «Luz y Palabra»– es posterior a 1936.
Ignacio Linares nos entregó una colección de las postales de Esperón (Toledo) reeditada en los años cincuenta por Eugenio Prieto (Negrín), notable fotógrafo ponferradino. El pintor Luis Gómez Domingo se había tomado el trabajo de hacer negativos de varias colecciones de fotografías: sus reproducciones nos pusieron en la pista de fotos, postales y series enteras hasta entonces desconocidas.
Entretanto, los fotógrafos pontevedreses Anxo Cabada y Enrique Acuña, y los madrileños Gerardo F. Kurtz y Enrique Sáenz de Pedro, nos dieron las primeras indicaciones técnicas. El doctor Joaquín Díaz nos puso en contacto con el fotógrafo madrileño Ángel Calso, que realizó con entusiasmo y paciencia encomiables las delicadas copias de diapositivas a partir de placas de cristal.
El arquitecto Antoni González indagó en el Archivo Mas de Barcelona y nos remitió siete fotografías de los años sesenta. El Instituto Gil y Carrasco y la sociedad La Obrera nos permitieron fotografiar algunos cuadros que cuelgan en sus paredes. Los colegas de «Diario de León» y «La crónica 16 de León» nos dejaron hurgar en los desordenados cajones de sus archivos y algo apareció...
Manuel Domínguez contribuyó con su colección de Bembibre y Santiago Castelao nos aportó una serie de imágenes de Villafranca. Mención especial merece la generosa aportación de Ezequiel Quintana Llamas, a quien este libro y la historia de la fotografía berciana deben la recuperación de algunas de las imágenes más valiosas.
En estos cuatro años tuvimos siempre el apoyo, desde Valladolid, de María José Gómez y Manuel Fuentes. En Santiago, Manuel Posada y José Cerdeira colaboraron en la maqueta.
A don Ramón Carnicer, nuestra admiración.
Sin la agudeza y la sensibilidad de los arquitectos Andrés Lozano y Javier Ramos se nos hubieran escapado algunos detalles del urbanismo ponferradino. Y sin la perspicacia y la intuición de Nieves y Macarena del Barrio se nos hubieran escapado otros detalles no menos significativos...
Nuestro último agradecimiento es para todo el personal de la Filmoteca de Castilla y León que trabaja con ahínco en la recuperación del patrimonio audiovisual; y para Carlos de Casa, Director General de Patrimonio y Promoción Cultural de la Junta de Castilla y León.
- Fiat!
Y la memoria se hizo. Y fue con estos mimbres que van dichos, que urdimos este maniego en el que se escurren la lluvia de la amnesia y las riadas del olvido, y quedan limpias y presentes las imágenes de la memoria.NOCEDA DEL BIERZO.
Describir los encantos y atractivos de Noceda no es el fin de esta breve guía pues, sin duda, quedarán bastantes sin enumerar y, además, lo mejor de todo será perderse por esta zona, al abrigo del Gistredo y enseñoreada por el Catoute.
El topónimo Noceda deriva del latino “nux” (nuez).Geográficamente, este municipio se encuentra equidistante de dos poblaciones bercianas importantes: Bembibre y Toreno. Los accesos desde ambas localidades han sido arreglados hace relativamente poco tiempo (2004). Desde Bembibre pasaremos por Viñales, Arlanza y Labaniego, antes de arribar a la capitalidad del municipio nocedense.
El Ídolo de Noceda,esta en el museo arqueologico nacional de Madrid, es un “tótem” de la cultura ibérica. Representa una figura humana. Por un lado, el esquemático ser es dotado con un apéndice, propio de la masculinidad. En el reverso, se trata de compendiar la fememeidad, resumiendo así la naturaleza humana completa. 
Los núcleos que componen el término de Noceda, además de éste, son: al oeste, Berciego, Robledo, Trasmundo y Villaverde y, al este, San Justo de Cabanillas y Cabanillas de San Justo. Simplificando mucho, se puede definir orográficamente Noceda como un espacio ocupado por un valle principal y varios secundarios o adyacentes con sus correspondientes mesetas. Aunque el árbol carismático de Noceda sea el/la nogal, abundan más los castaños, los robles y , en menor medida, las encinas (sardones, en berciano). Asimismo, los prados ocupan una parte apreciable del término municipal.
“La Ruta de las Fuentes Medicinales” se realiza todos los años a finales de julio, concluyendo en el Camping de las Chanas. Todas las fuentes o manantiales tienen sus propiedades, pudiendo hacerse alusión a la del Rubio (con oligominerales y bicarbonatada sódica), el manantial de la Salud (agua clorada y salutífera), la del Azufre (bicarbonatada mixta y con residuos rojizos),... Otras de aguas refrescantes, puras y cristalinas son las de Juan Álvarez. La Fuente Mía, la Fragua, la Reguera o El Canalijo. En la mencionada Ruta se ve un fenómeno impresionante: la Cascada de la Gualta, de 30 metros de altura con un Mirador de vistas admirables.
Cascada natural de Noceda del Bierzo
La Carrera de Burros es una programación inexcusable, al ser el único pueblo berciano que no ha perdido esta competición a pesar de la mudanza de los tiempos.
Sin querer agotar las múltiples peculiariedades de Noceda, es imprescindible hacer alusión a la Fragua del Furil, ya sin actividad, pero que no hace mucho desempeñaba un papel importante por la abundancia de animales de tiro y labranza, posteriormente utilizados para el “acarreo” del carbón.
Miliario Romano indicaba la situacion exacta de la calzada romana.Haciendo un esquemático recorrido por la historia, podemos indicar que en este lugar es donde se concentra el mayor número de castros prerromanos de todo el noroeste peninsular. Por lo que cabe suponer que en la Edad de Bronce los pobladores habitaban los castros, bastantes de los cuales están situados en lugar elevado con una finalidad netamente defensiva y de control del entorno. Así, en el Museo Arqueológico y Etnográfico de Noceda podemos contemplar piezas de un cierto valor, empezando por la más representativa: réplica del Ídolo hallado en la localidad y cuyo original se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, datado con 4000 años de antigüedad.
En la época romana, una vez instaurada la “pax eterna o augusta”, el ejército establece varios asentamientos militares: la finalidad era que, gracias a la explotación agrícola y ganadera, fuera un abastecimiento seguro para los 20000 “empleados” (milicia y esclavos) en las explotaciones mineras auríferas de Las Médulas.
Se estableció una calzada romana estratégica que, partiendo de Brañuelas, iba a finalizar en Vega de Espinareda.
De esta infraestructura, se conserva un Miliario que hace las funciones de pilar en la Iglesia de San Justo y un “Monjón” en la Quiruela.
En el año 1063 el rey Fernando I entrega esta villa al Obispo de Astorga.
El 10 de junio de 1168 el abad isidoriano Facundo otorga una carta foral a sus vasallos de Noceda, adjudicando los solares a dos pobladores de la zona, los cuales testaron a perpetuidad los fundos y propiedades en tercios al abad de S. Isidoro, a sus hermanos y a sus sucesores sustitutos.
EL HÁBITAT HUMANO:
Las casas estaban alineadas con una cierta separación entre ellas, en cierto modo aisladas.
Fruto de este estilo de vida es la proliferación de molinos para harina y pienso para el ganado y las celebraciones que marcan el ritmo de las estaciones.
MONUMENTOS RELIGIOSOS:
Dentro de la variada arqueología religiosa, es de reseñar la Ermita de las Chanas –de estilo románico-, en cuyo interior se puede ver una interesante imagen de la Virgen con el Niño.
CASTROS PRERROMANOS:
A destacar, entre ellos, la Forca: enclavada en la parte superior de S. Juan de Villar, al borde del Arroyo de Rozas y teniendo al oeste al río Noceda. En su ladera, consecuencia de unas prospecciones realizadas por la Junta, se descubrió una necrópolis medieval.
LOS MOLINOS:
Actualmente se pueden visitar siete molinos, en buena parte restaurados y algunos aún en servicio, que componen la denominada “Ruta de los Molinos”.
El más renombrado es el llamado “del Medio”, ubidado entre otros dos (el de Fundeiro y el de Ampuero) en el Barrio-paraje de La Vega. Todos se servían del agua del río o acequias-presas, cuya fuerza movía las ruedas (molinos de rodezno). Se trituraba el centeno y el trigo recolectado en julio. La maja era hecha en agosto y la molienda posterior era, fundamentalmente, para promocionar pienso al ganado (harina y salvado).
COSTUMBRES POPULARES:
Las distintas pautas festivas, hace no demasiados años, eran marcadas por las tareas del campo y las épocas estacionales. Por ello, en todo el invierno, eran habituales los Filandones, donde se han de buscar algunos modismos y expresiones bercianas de Noceda transmitidas oralmente por generaciones. Quizá en ningún otro rincón berciano se vean con mayor nitidez ciertas formas bercianas, aderezadas con un deje asturleonés llamativo.
El carnaval tiene unas connotaciones, en cuanto al habla, particularmente significativas.
Llegado el verano, la siega, la maja y el ganado absorbían todo el tiempo. En tiempos difíciles, se trabajaba únicamente por la comida.
En septiembre, un hábito de los nativos nocedenses era la Cata de uva en el lagar, procediéndose por todos los asistentes a la degustación de vino, uva, mosto y roscón.
Las fiestas patronales eran muy queridas, y en ellas se cantaba y bailaba la Jota de Noceda.
EL Botillo, indiscutiblemente, constituía un acontecimiento especial. En nuestros días, una Asociaciçón de Jubilados y Pensionistas autóctona, con la ayuda del Ayuntamiento, convoca anualmente a su Festival del Botillo.
Articulo realizado por nuestro colaborador:
MARCELINO B. TABOADA






Dios, qué tiempos aquellos del "Porcoespiño"...