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EXTRAORDINARIO TRABAJO DE Imagenes panoramicas interactivas. - He seleccionado solo las del BIERZO.- En la pagina de sus autores puedes ver una coleccion completa rottodigital.com
Los Ancares
Arqueología industrial
El Bierzo
Burbia
Hayedo de Busmayor
Camino de Santiago
Monasterio de Carracedo
Herrería de Compludo
Castillo de Cornatel
Las Médulas
Monasterio de Montes
Peñalba
Ponferrada
Vega de Valcarce
Villafranca del Bierzo

Páginas

Introducción

Introducción

El monumento dedicado a Nicéphore Niépce en Saint-Loup-de-Varennes (Borgoña) data la invención de la fotografía en 1822, pero investigaciones más recientes sitúan «la primera fotografía de la historia» en 1816, cuando Niépce lograr fijar por vez primera una imagen de la cámara oscura sobre papel tratado con cloruro de plata.

Veinte años después, en 1839, el parisino Daguerre, continuador de los trabajos de Niépce, presenta ante la Academia de Ciencias un procedimiento fotográfico basado en una placa de cobre plateado revelada con vapores de mercurio y fijada con hiposulfito. El verdadero Cristóbal Colón de la fotografía, Niépce, ya había muerto cuando Daguerre –nuestro Américo Vespucio– dio su nombre al daguerrotipo».

El procedimiento del daguerrotipo inicia, a partir de 1840, la expansión imparable de la técnica y el arte fotográficos: evolucionan las cámaras, aparece la placa seca de gelatino-bromuro (1871) o la placa de cristal estereoscópica (1838) que, contemplada con un visor binocular, da sensación de relieve, ya anticipada por Leonardo da Vinci.

El mundo entero comienza a interesarse por el nuevo fenómeno que conquista por igual a científicos de renombre, como Ramón y Cajal, que a reyes, o a los campesinos que posan entusiasmados ante el caballete de feria.

Si el 7 de enero d 1839 es la fecha de difusión pública del daguerrotipo, apenas diez meses después, el 10 de noviembre, se reproduce en Barcelona el primer daguerrotipo, con una cámara que costó a la Real Academia de Ciencias y Artes 1.946 reales de vellón. Había sido adquirida a propuesta de Felipe Monlau, catalán residente en París que seguía de cerca la evolución del invento fotográfico.

Casi simultáneamente, el químico Juan Pérez y Camps reproduce el primer daguerrotipo en Madrid. Es curioso observar que estos precursores, tan bien informados de lo que ocurría en París, operaban aisladamente, sin saber unos de los otros.

La expansión de la fotografía en las décadas siguientes se opera progresivamente por todo el país, afirmándose el fenómeno entre el público con la aparición de los «estudios de retratos», que harán furor en las calles principales de las grandes capitales a partir de 1860.

Son célebres en esta época los estudios de Laurent en la Puerta del Sol, de Emili Fernández en Barcelona, de José Sierra Payba en Sevilla o de Judez en Zaragoza. A partir de este momento y especialmente con el nuevo siglo, la fotografía ya no faltará en ningún acontecimiento de la vida española, desde una boda popular al encuentro de Isabel II con sor Patrocinio o la ejecución de Angiolillo, el asesino de Cánovas.

En Galicia –cuya proximidad con El Bierzo nos interesa– el daguerrotipo entra por A Coruña en 1843 (E. Luar) y alcanza relevancia social con ocasión de la Exposición Regional de Santiago (1858). Al año siguiente, Cisneros instala la Galería Talbot Fotográfica en la Rúa Nova de Santiago y, pronto, a los retratistas sucederán los paisajistas con álbumes como Compostela monumental (1882) o Galicia pintoresca, de Prosperi. Era la época de las placas de cristal de gelatino-bromuro que se popularizan con el cambio de siglo; pronto surgen los aficionados a la fotografía y, hacia 1905, el boom de la postal.

Orígenes de la fotografía en el Bierzo

A pesar de la cercanía de Galicia y León, los datos disponibles sobre la llegada de la fotografía al Bierzo no permiten datar con exactitud la fecha en que la primera cámara o el primer estereoscopio cruzaron los puertos de Manzanal, Pedrafita o Pajares, posiblemente en la penúltima década del siglo pasado.

Aunque El Bierzo se considera tradicionalmente tierra de paso, el paso no era tan fácil: Napoleón se quedó en Astorga, la diligencia Ponferrada-Ourense tardaba veintiuna horas, y el ferrocarril estuvo años atascado en Brañuelas. Precisamente en Brañuelas toma el coche-correo a Vigo el famoso viajero Charles Davillier, en 1963. Cuando Davillier cruza El Bierzo desconocía la fotografía, pues se hace acompañar del dibujante Gustavo Doré. La secular incomunicación no era un tópico: «El país, extraordinariamente salvaje –escribe Davillier en Villafranca–, se hace cada vez más accidentado. En los pueblos donde para la diligencia, algunas jóvenes nos ofrecen vasos de agua, frutas y leche».

La primera locomotora llegó a Ponferrada en 1882 y las comunicaciones ferroviarias con Galicia no se completaron hasta 1883, año en que Alfonso XII inaugura el tramo Madrid-Coruña. Posiblemente este año, 1883, y este viaje real, sean la vía de paso de los primeros fotógrafos. Más allá de la vía férrea, los retratistas ambulantes, de apellidos extranjeros, se aventuran en caballerías, como Hans Gadow, que en 1895 recorre Riaño, Astorga, Ponferrada, Villafranca e incluso llega hasta la aldea de Burbia, en Ancares. Gadow saca instantáneas de valor etnográfico, pioneras en la historia de la fotografía leonesa.

Por lo demás, en la lista de casi mil fotógrafos anteriores a 1900 que enumera Fontanella, únicamente se mencionan dos fotógrafos leoneses, J.M. Cordeiro (1871) y Gracia, ninguno de ellos en El Bierzo.

Así pues, la llegada de la primera cámara fotográfica al Bierzo, debe situarse entre la consolidación técnica de la placa seca de gelatino-bromuro (1871) y la llegada del ferrocarril (1882). De hecho, las fotos más antiguas que publicamos son placas de cristal de 1880-1883, en las que el autor –posiblemente un ingeniero vinculado a la construcción del ferrocarril– recoge los trabajos de la draga y la sonda en el río Sil a su paso por Toral y La Barosa: la construcción de los puentes de la Lagartera, Rairós, El Paso y del Estrecho, etc. Aunque esta importante serie de placas no tiene fecha, es evidente que son anteriores al 1 de septiembre de 1883, día en que los reyes Alfonso XII y María Cristina cruzan por primera vez el puente del Estrecho, tras dormir en un furgón del Tren Real, en la estación de Toral de los Vados.

Tres años más tarde, en 1886, aparecen datadas dos magníficas fotos en color sepia del claustro de profesores y alumnos del Instituto de Ponferrada en el curso (1886-1887). La serie de placas de cristal de 1880-1882 y estas dos joyas de 1886 son, cronológicamente, los puntos de referencia más lejanos en la pequeña historia de la fotografía berciana.

Con la vía de penetración del ferrocarril, la fotografía entra en los acontecimientos sociales y familiares (procesiones, ferias, fiestas en el Cristo, bailes de carnaval, bodas, viajes) y en sucesos noticiosos que anticipan el futuro fotoperiodismo (accidente de un avión, funambulistas encaramados a la Torre de la Encina, competiciones de esgrima, etc.).

Los focos de atracción fotográfica se polarizan en torno a la pequeña burguesía local, hasta que surge la impresión de postales que, a partir de 1910, alcanzarán gran auge (en aquella época llegaron a venderse millones de postales. Baste un ejemplo: entre 1902 y 1905 se vendieron en España 180.000 colecciones de la serie Kaulak, ¡Quién supiera escribir!, de 10 tarjetas cada una, a 15 céntimos la postal). Muy pronto, las postales también llegarían a ser populares en El Bierzo, donde la imprenta de Veremundo Nieto o comercios como Confitería Romero inician su impresión. Sólo en Ponferrada hemos catalogado una veintena de series, la mayor parte de ellas incompletas, lo que indica el escaso interés prestado a su conservación.

Con el nuevo siglo, el fenómeno social de la fotografía puede considerarse definitivamente implantado en El Bierzo y su desarrollo correrá igual suerte que en el resto del país: una suerte dudosa, pues, contemplando las viejas fotografías, hemos experimentado con frecuencia la sensación de que las postales y retratos actuales no han logrado mejorar la calidad, la belleza y el encanto conseguidos por los pioneros. Este libro es prueba de ello.

El álbum de don Adelino

El trabajo que aquí se presenta tomó como punto de partida «El álbum de don Adelino», extraordinaria colección de postales y fotos antiguas de Ponferrada, salpicadas de sabrosos comentarios y amenas curiosidades.

Su autor, don Adelino Pérez Gómez (1901-1990), pertenecía a una de las familias tradicionales de Ponferrada: su abuelo materno, don Rufino Gómez García, fue el introductor de la electricidad en Ponferrada, a finales de siglo. Personaje activo en la vida local ponferradina, don Adelino fue socio fundador de la Deportiva, fue alcalde y concejal del Ayuntamiento de Ponferrada en la postguerra, e impulsor de celebraciones religiosas como la peregrinación de la Virgen de la Encina por El Bierzo o, especialmente, de la tradicional Semana Santa ponferradina, siendo mayordomo de la Hermandad de Jesús Nazareno. Además de elaborar su «Álbum», don Adelino escribió las obras de teatro Estampas ponferradinas y Morenica de mis amores (evocación de las bodas de plata de la Coronación de la Virgen de la Encina); en 1975 recibió un homenaje popular en el Casino La Tertulia y se dio su nombre a una calle de la ciudad a la que había dedicado tantos esfuerzos.

«El álbum de don Adelino» consta de casi un centenar de hojas en las que don Adelino mezclaba postales antiguas y modernas, fotografías, imágenes de la Virgen de la Encina, anotaciones manuscritas, pies de foto escritos a máquina en tiras de papel, etc.

Ese álbum de recuerdos que todo el mundo hace alguna vez de su familia, don Adelino lo hizo durante años de su gran familia de vecinos ponferradinos pues, sin duda, él sentía nuestro Casco Antiguo como su propia casa. Por ello «El álbum de don Adelino» es familiar, doméstico, casi íntimo. Tiene todo el encanto y la ternura de las cosas hechas con cariño. Por esta misma razón, carece de rigor histórico: las fechas de don Adelino deben entenderse siempre como indicativas o aproximadas, incluso a veces poco aproximadas, en su afán por dar más antigüedad a fotografías y postales y a lo que éstas representan.

La ausencia de rigor no empaña el valor documental del «Álbum», cuyas anotaciones son siempre interesantes, ni mengua el mérito de su autor al recoger, guardar y conservar cuidadosamente nuestro patrimonio fotográfico y, con él, la memoria del patrimonio arquitectónico, tan arruinado y destruido. Piénsese que gracias a la fotografía tenemos hoy constancia exacta de cómo eran y dónde se hallaban edificios de valor singular y desaparecidos para siempre, para desgracia y vergüenza de los ponferradinos: el Castillo (derruido a partir de 1850), el Arco del Pairaisín († 1940), la ermita del Sacramento († 1959), el Convento de San Agustín y el Teatro († 1963), la iglesia barroca de San Pedro († 1963), la Bóveda († años sesenta), el puente de piedra sobre el río Sil († 1953), el campo de fútbol de Santa Marta († 1974), el cementerio del Carmen († 1965) etc.

Ésta es la aportación más valiosa del «Álbum», gracias a la gran colección de postales reunidas apasionadamente por don Adelino. Harto de que se las robaran cada vez que las prestaba, escribió a máquina su nombre en muchas, cosa que hoy resulta molesta estética y documentalmente. Ello no impidió que le siguieran mangando postales y, de hecho, algunas de las que se reproducen las hemos localizado en segundas y terceras fuentes.

A pesar de los desaprensivos, el «Álbum» viajó intensamente por los hogares ponferradinos. Don Adelino lo prestaba a quien se lo pedía e incluso lo ofrecía a colegios y academias, que lo hacían circular en sus aulas, entre los alumnos. Un auténtico apostolado cultural ponferradino, que él mismo definió así: «En mi locura de amor a Ponferrada, os ofrezco este álbum con fotografías que evocan tiempos pretéritos llenos de historia, figurando en destacado lugar nuestra Reina celestial y Patrona de este Bierzo encantador, la Santísima Virgen de la Encina».

El Álbum del Bierzo (1880-1936)

En 1989, los autores de esta obra participamos en la creación de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo de Ponferrada y desarrollamos durante un año una notable actividad en defensa de nuestro patrimonio arquitectónico, De aquella pelea, quizás no del todo estéril, quedo testimonio en nuestro libro El Casco Antiguo de Ponferrada ante su Plan Especial.

Aquel esfuerzo por acercarnos más al Casco Antiguo, pateándolo un día y otro, conversando con los vecinos, descubriendo sus rincones, nos hizo tomar conciencia de dos hechos: la ciudad arquitectónica de la vieja trama urbana de Ponferrada y el gran deterioro en que estaba y está sumida. Fue entonces cuando comenzamos a indagar en las fotografías antiguas de la ciudad, a propósito de una exposición sobre el Plan Especial (que al escribir estas líneas sigue sin ser aprobado). Tres años después pasamos el relevo de la Asociación a otros vecinos, pero continuamos la búsqueda de fotos, contagiados de algún extraño veneno fotográfico, tal vez cloruro de plata.

Siguiendo los pasos de don Adelino, al que esta obra rinde homenaje, nuestra primera labor fue continuar y completar su colección de postales, lo que ha sido de los trabajos más entretenidos de este libro. La búsqueda de postales nos ha llevado a recorrer docenas de librerías de viejo y baratillos en los rastros de Madrid, Barcelona, A Coruña, Oviedo, León y Santiago de Compostela. Hemos visto preciosas y tentadoras postales de los más diversos lugares; pero, entre cientos y cientos, encontramos muy pocas de Ponferrada, Villafranca o Bembibre. A veces, cansados de no encontrar lo buscado, pudo más el fetichismo y, enamorados de una postal coloreada de Sevilla o de Mondariz-Balneario, la adquirimos secretamente, a modo de consuelo.

Poseídos por la enfermedad del cloruro de plata, continuamos la labor de don Adelino, con el objetivo de recuperar la memoria de nuestro patrimonio. La memoria es mucho más que el recuerdo. Recuerdos, cada cual tiene los suyos y por ello los jóvenes bercianos jamás poseerán el recuerdo de cómo fue antes de nacer su valle, su ciudad, la plaza mayor de su pueblo, o cómo trabajaban o se divertían los convecinos de principios de siglo. Cuando no existe el recuerdo –porque algunos mayores los han olvidado, o porque los jóvenes no lo han tenido– es necesaria la memoria, esto es, la voluntad de aprehender el pasado para comprender mejor nuestro presente.

He aquí, pues, nuestra aportación a «las fuentes de la memoria», en palabras que sirven de título a un vasto proyecto coordinado por Publio López Mondéjar. Este Álbum es una aportación valiosa, pero sin pretensiones de tesis históricas; ni es ni pretende ser una historia de la fotografía en El Bierzo, capítulo de nuestra historia que, como otros, está por hacer.

Por el contrario, hemos procurado excitar la memoria en el lector, despertar el amor por nuestro patrimonio en los más jóvenes, y alertar en todos el sentido crítico para salvar y recuperar las especies fotográficas en grave peligro de extinción.

En nuestra primera intención, se llamó «El álbum de Ponferrada y del Bierzo», pero debemos a Ramón Carnicer la oportuna precisión de suprimir el artículo determinado. Sea pues, no «el álbum», sino Álbum del Bierzo a secas, y vengan pronto más y mejores álbumes a cargarnos las alforjas de estampas memorables, pues aquí no están –ni mucho menos– todas las fuentes de la memoria berciana; ni siquiera todas las fuentes fotográficas, que son mucho más extensas.

La que se publica ahora es una primera selección, escogida entre más de un millar que han sido depositadas en los fondos de la Filmoteca de Castilla y León. El lector tiene ante sí un ejército de imágenes y testimonios que pone cerco al olvido. Queda así su pasado el testigo a nuestros hijos para que continúen la labor y no pierdan la memoria de sus orígenes.

Ámbito cronológico y geográfico

Este Álbum del Bierzo comprende desde la llegada de las primeras fotografías al Bierzo, en las últimas décadas del siglo pasado, hasta la Guerra Incivil (1880-1936).

Hacia atrás no hubo metodológicamente otra limitación que la mera carencia de fotografías anteriores a 1880; nuestra intención y nuestra búsqueda han sido exhaustivas, pero los resultados son los que se ofrecen.

Hacia adelante, sin embargo, era preciso poner un límite y hay varias razones obvias para detenerse en 1936. Primera, con la Guerra se produce una ruptura en la pacífica estética familiar de los años veinte. Durante la guerra se afianza una suerte de fotoperiodismo (al estilo de Robert Capa) que nada tiene que ver con lo anterior.

Segunda, en la postguerra, tras un paréntesis en el que la fotografía es postergada por necesidades más perentorias, comienza a surgir un tipo de fotografías en blanco y negro, de pequeño formato, con bordes irregulares y estética cutre (especialmente en contraste con los espléndidos retratos y postales de la época anterior). De esas pequeñas fotos dentadas que enviaba el quinto a su novia desde el cuartel, podríamos encontrar centenares en los álbumes familiares de todos los bercianos. Como nuestro Álbum se detiene en 1936, algún día habrá quien tenga el gusto y la paciencia de continuarlo, y no le faltará material. Por excepción, incluimos algunas fotografías posteriores a 1936 que nos parecieron convenientes para documentar algún edificio o episodio singular.

Hay una tercera razón para concentrar nuestro esfuerzo en las primera décadas: con el final de siglo muere también físicamente la última generación de personas que guardan la memoria viva de aquella época y que puedan contarnos de palabra lo que las fotografías conservan para siempre. Ferias, mercados, tradiciones, desaparecidas, edificios destruidos por la piqueta del «progreso», personajes y familiares ausentes... Era urgente hacer esta recopilación porque dentro de diez años apenas quedarán estas fuentes vivas de la memoria. Tenemos la certeza de que, repasando las páginas de este Álbum, muchos testimonios se avivarán y fluirá, de abuelos a nietos, el caudal rico de sus recuerdos.

Por último, el ámbito geográfico de la obra es, sencillamente, El Bierzo. En consecuencia, ponga cada lector, berciano o no, sus límites donde guste, que los autores se llaman andanas en cosa de ponerle puertas al campo. En esta encrucijada de caminos, y por tratarse de un álbum de recuerdos, no hay otra frontera que la del afecto. Y cada cual se apañe con el suyo.

Algunas tareas pendientes para la historia de la fotografía berciana

La publicación de esta selección culmina nuestro esfuerzo, pero debería de ser estímulo para el inicio de otros trabajos necesarios. De hecho, nuestro libro fue concebido en principio como una obra en tres tomos dedicados a las principales villas y a sus respectivos entornos.

De aquella obra se desgajó un primer tomo, Álbum de Bembibre, publicado por Manuel Domínguez y Valentín Carrera, editado por el Ayuntamiento de Bembibre en junio de 1994, con motivo de la Salida del Santa «Ecce Homo». En esta obra publicamos una selección de más de doscientas imágenes de Bembibre y del Bierzo Alto, pertenecientes a la colección de los autores, depositada en la Filmoteca de Castilla y León, razón por la que ahora se incluye una selección de Bembibre simbólica.

En el caso de Villafranca, el libro está por hacer, pero Consuelo Álvarez de Toledo y la Asociación de Amigos de Villafranca han iniciado el trabajo de recopilación fotográfica, por lo que pronto tendremos un tercer tomo, que ojalá no sea el último. Por ello nos hemos limitado a otra selección igualmente simbólica.

Estas circunstancias explican el mayor peso específico que tiene aquí la ciudad de Ponferrada, unido el hecho de que el origen del libro fue «El álbum de don Adelino», netamente ponferradino.

Por lo demás, hechos históricos como la llegada del ferrocarril, la expansión minera de 1918 o las romerías marianas, fueron comunes a toda la comarca del Bierzo. Sin querer ser exhaustivos (las exclusiones eran inevitables por motivos de espacio), el lector encontrará fotografías de numerosos lugares bercianos: Cacabelos, San Miguel de las Dueñas, La Barosa, Quereño, Tremor, Cubillos, Campo, Villablino, Noceda, Los Barrios, San Andrés de las Puentes, Rimor, etc.

Sin embargo, estos y otros lugares siguen siendo hontanares abiertos de la memoria. Además del futuro libro de Villafranca, hay otros trabajos pendientes que sugerimos a los jóvenes que hoy estudian bachillerato.

Una de las primeras tareas debiera ser una monografía dedicada al fotógrafo ponferradino Arturo González Nieto, fotógrafo de la infanta real apodada «La Chata». Arturo González Nieto estudió en Granada, donde tuvo estudio fotográfico. En su tierra retrató con gusto la vida social ponferradina: excursiones campestres, fiestas en las fincas señoriales del Boeza (familia Matinot), de Campo (familia Valdés) o de Cubillos. Fue el cronista principal de los actos de la Coronación de la Virgen de la Encina (1908). Durante veinte años publicó en revistas de la época y ganó importantes premios; la Guerra Civil lo cogió en el Japón, de donde regresó enfermo. Falleció en Altea en 1938. Su memoria y buena parte de su obra las ha conservado celosamente María Teijelo.

Hay otras colecciones privadas que deben ser recuperadas, catalogadas y publicadas urgentemente. En Villafranca , la de Alejo Carnicer y Balbino Álvarez de Toledo. En Ponferrada, la de Severo Gómez Núñez, Valdés, Pedro F. Matachana e Ignacio Fidalgo (semanario «Aquiana»); entre otros. En Bembibre, el tesoro estético de Bernardo Alonso Villarejo.

Por último, para completar la historia de la fotografía en El Bierzo, será preciso también seguir el rastro a las fotos de S. Esperón en Toledo, L. Roisin en Barcelona, Ksdo en Galicia y los fondos de la Fundación Fermín Penzol en Vigo. Quizás entonces aparezcan algunas de las fotos que nos hubiera gustado encontrar: imágenes de la Casa-cuna en la calle Cruz de Miranda, del interior de la iglesia de San Pedro, de los molinos de las Huertas del Sacramento y de la Borriquita que había en la ermita, de la capilla del Cristo... y tantas otras.

Agradecimientos

En contraste con la generosa entrega de don Adelino, que dejaba su Álbum, a todos, en nuestra búsqueda no faltó algún que otro coleccionista tan celoso de su tesoro que no hubo forma de acceder a él, pero ni siquiera recordamos sus nombres...

Sí debemos mencionar, en cambio, con toda nuestra gratitud, a las muchas personas y familias que nos abrieron sus casas y nos permitieron acceder a sus colecciones y recuerdos familiares. A todos –incluso, si olvidáramos mencionar a alguien–, nuestro sincero reconocimiento.

Tenemos que comenzar por Carmela Nieto que, como una nueva Santa Egeria, removió Roma con Santiago y se convirtió en la más entusiasta buscadora de fotografías: no pasaba día sin dejarnos un sobre escrito por dentro y por fuera con dos o tres fotografías, una fotocopia o cualquier hallazgo sorprendente. María Teijelo nos facilitó amablemente una treintena de excelente fotografías de Arturo González Nieto y numerosos datos y revistas de interés. Pepe y Nino Cubelos, con el entusiasmo que les caracteriza, pusieron su granito de arena en el tema de la Deportiva Ponferradina, que completaron con otros aportaciones Angélica Pacios y Enriqueta Quiroga. La familia de Amalio Fernández también contribuyó, aunque la obra de Amalio –publicada en «Luz y Palabra»– es posterior a 1936.

Ignacio Linares nos entregó una colección de las postales de Esperón (Toledo) reeditada en los años cincuenta por Eugenio Prieto (Negrín), notable fotógrafo ponferradino. El pintor Luis Gómez Domingo se había tomado el trabajo de hacer negativos de varias colecciones de fotografías: sus reproducciones nos pusieron en la pista de fotos, postales y series enteras hasta entonces desconocidas.

Entretanto, los fotógrafos pontevedreses Anxo Cabada y Enrique Acuña, y los madrileños Gerardo F. Kurtz y Enrique Sáenz de Pedro, nos dieron las primeras indicaciones técnicas. El doctor Joaquín Díaz nos puso en contacto con el fotógrafo madrileño Ángel Calso, que realizó con entusiasmo y paciencia encomiables las delicadas copias de diapositivas a partir de placas de cristal.

El arquitecto Antoni González indagó en el Archivo Mas de Barcelona y nos remitió siete fotografías de los años sesenta. El Instituto Gil y Carrasco y la sociedad La Obrera nos permitieron fotografiar algunos cuadros que cuelgan en sus paredes. Los colegas de «Diario de León» y «La crónica 16 de León» nos dejaron hurgar en los desordenados cajones de sus archivos y algo apareció...

Manuel Domínguez contribuyó con su colección de Bembibre y Santiago Castelao nos aportó una serie de imágenes de Villafranca. Mención especial merece la generosa aportación de Ezequiel Quintana Llamas, a quien este libro y la historia de la fotografía berciana deben la recuperación de algunas de las imágenes más valiosas.

En estos cuatro años tuvimos siempre el apoyo, desde Valladolid, de María José Gómez y Manuel Fuentes. En Santiago, Manuel Posada y José Cerdeira colaboraron en la maqueta.

A don Ramón Carnicer, nuestra admiración.

Sin la agudeza y la sensibilidad de los arquitectos Andrés Lozano y Javier Ramos se nos hubieran escapado algunos detalles del urbanismo ponferradino. Y sin la perspicacia y la intuición de Nieves y Macarena del Barrio se nos hubieran escapado otros detalles no menos significativos...

Nuestro último agradecimiento es para todo el personal de la Filmoteca de Castilla y León que trabaja con ahínco en la recuperación del patrimonio audiovisual; y para Carlos de Casa, Director General de Patrimonio y Promoción Cultural de la Junta de Castilla y León.

- Fiat!

Y la memoria se hizo. Y fue con estos mimbres que van dichos, que urdimos este maniego en el que se escurren la lluvia de la amnesia y las riadas del olvido, y quedan limpias y presentes las imágenes de la memoria.
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NOCEDA DEL BIERZO.

NOCEDA DEL BIERZO.
UN PARAÍSO TERRENAL

Describir los encantos y atractivos de Noceda no es el fin de esta breve guía pues, sin duda, quedarán bastantes sin enumerar y, además, lo mejor de todo será perderse por esta zona, al abrigo del Gistredo y enseñoreada por el Catoute.
El topónimo Noceda deriva del latino “nux” (nuez).Geográficamente, este municipio se encuentra equidistante de dos poblaciones bercianas importantes: Bembibre y Toreno. Los accesos desde ambas localidades han sido arreglados hace relativamente poco tiempo (2004). Desde Bembibre pasaremos por Viñales, Arlanza y Labaniego, antes
de arribar a la capitalidad del municipio nocedense.


El Ídolo de Noceda,esta en el museo arqueologico nacional de Madrid, es un “tótem” de la cultura ibérica. Representa una figura humana. Por un lado, el esquemático ser es dotado con un apéndice, propio de la masculinidad. En el reverso, se trata de compendiar la fememeidad, resumiendo así la naturaleza humana completa.

Los paisajes de Noceda son paradisiacos.

Los núcleos que componen el término de Noceda, además de éste, son: al oeste, Berciego, Robledo, Trasmundo y Villaverde y, al este, San Justo de Cabanillas y Cabanillas de San Justo. Simplificando mucho, se puede definir orográficamente Noceda como un espacio ocupado por un valle principal y varios secundarios o adyacentes con sus correspondientes mesetas. Aunque el árbol carismático de Noceda sea el/la nogal, abundan más los castaños, los robles y , en menor medida, las encinas (sardones, en berciano). Asimismo, los prados ocupan una parte apreciable del término municipal.


LAS FUENTES CURATIVAS:

La Ruta de las Fuentes Medicinales” se realiza todos los años a finales de julio, concluyendo en el Camping de las Chanas. Todas las fuentes o manantiales tienen sus propiedades, pudiendo hacerse alusión a la del Rubio (con oligominerales y bicarbonatada sódica), el manantial de la Salud (agua clorada y salutífera), la del Azufre (bicarbonatada mixta y con residuos rojizos),... Otras de aguas refrescantes, puras y cristalinas son las de Juan Álvarez. La Fuente Mía, la Fragua, la Reguera o El Canalijo. En la mencionada Ruta se ve un fenómeno impresionante: la Cascada de la Gualta, de 30 metros de altura con un Mirador de vistas admirables.
Cascada natural de Noceda del Bierzo

La Carrera de Burros es una programación inexcusable, al ser el único pueblo berciano que no ha perdido esta competición a pesar de la mudanza de los tiempos.
Algunos detalles que laman la atención de los nocedenses tienen que ver con la defensa medioambiental (¡No a los aerogeneradres en la Sierra de Gistredo!), consu respeto a la naturaleza (Arboreto o Jardín Botánico, impulsado por una maestra nocedense y que se ha declarado Parque de altura por disposición de la Junta). Son muchos los personajes que nos ha legado Noceda del Bierzo, pero sólo voy a referirme a las tres abuelas centenarias que coinciden en la receta para la longevidad: aire puro del Gistredo, agua de las fuentes cristalina y mucho trabajo. DINAMISMO SOCIAL:
Los nativos de Noceda del Bierzo, tienen un gran cariño a sus raíces y, como prueba, tres constataciones: el “magosto” multitudinario en la Plaza Mayor de Madrid, el dialecto berciano que hablan algunos jóvenes y mayores y la formación en 2004 de la Asociación “La Iguiada” que lleva a cabo una labor encomiable. “Iguiada” (en ancarés, aguillada): “vara recta de avellano en la cual se inserta una punta fina de acero para llamar a las yuntas o apurar el ganado”. Esto es lo que intenta hacer esta nueva Asociación que, sin embargo, lleva efectuado un trabajo en sus pocos años de historia que es necesario reconocer.
Sin querer agotar las múltiples peculiariedades de Noceda, es imprescindible hacer alusión a la Fragua del Furil, ya sin actividad, pero que no hace mucho desempeñaba un papel importante por la abundancia de animales de tiro y labranza, posteriormente utilizados para el “acarreo” del carbón.
Miliario Romano indicaba la situacion exacta de la calzada romana.
Haciendo un esquemático recorrido por la historia, podemos indicar que en este lugar es donde se concentra el mayor número de castros prerromanos de todo el noroeste peninsular. Por lo que cabe suponer que en la Edad de Bronce los pobladores habitaban los castros, bastantes de los cuales están situados en lugar elevado con una finalidad netamente defensiva y de control del entorno. Así, en el Museo Arqueológico y Etnográfico de Noceda podemos contemplar piezas de un cierto valor, empezando por la más representativa: réplica del Ídolo hallado en la localidad y cuyo original se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, datado con 4000 años de antigüedad.
En la época romana, una vez instaurada la “pax eterna o augusta”, el ejército establece varios asentamientos militares: la finalidad era que, gracias a la explotación agrícola y ganadera, fuera un abastecimiento seguro para los 20000 “empleados” (milicia y esclavos) en las explotaciones mineras auríferas de Las Médulas.
Se estableció una calzada romana estratégica que, partiendo de Brañuelas, iba a finalizar en Vega de Espinareda.
De esta infraestructura, se conserva un Miliario que hace las funciones de pilar en la Iglesia de San Justo y un “Monjón” en la Quiruela.
En el año 1063 el rey Fernando I entrega esta villa al Obispo de Astorga.
El 10 de junio de 1168 el abad isidoriano Facundo otorga una carta foral a sus vasallos de Noceda, adjudicando los solares a dos pobladores de la zona, los cuales testaron a perpetuidad los fundos y propiedades en tercios al abad de S. Isidoro, a sus hermanos y a sus sucesores sustitutos.

EL HÁBITAT HUMANO:
Pueblo eminentemente dedicado a tareas agrícolas y ganaderas. Sus construcciones (casas) típicas eran de piedra del contorno, sus tejados de pizarra, con tres elementos habituales en el Bierzo Alto: puertas, ventanas y corredores tradicionales.
Las casas estaban alineadas con una cierta separación entre ellas, en cierto modo aisladas.
Fruto de este estilo de vida es la proliferación de molinos para harina y pienso para el ganado y las celebraciones que marcan el ritmo de las estaciones.

MONUMENTOS RELIGIOSOS:

Dentro de la variada arqueología religiosa, es de reseñar la Ermita de las Chanas –de estilo románico-, en cuyo interior se puede ver una interesante imagen de la Virgen con el Niño.

CASTROS PRERROMANOS:
Trece castros y siete explotaciones auríferas y minerales se observan a lo largo de la Cuenca del río Noceda: Castros de Ceruñales,la Forca, la Laguna, de Robledo de las Traviesas, del Río, Corón de S. Pedro, Fuentetorres, Valdequiso, Corón de S. Justo, Castro Rubio, Castro de Rivas, la Salina y “Llama la Sebe”.
A destacar, entre ellos, la Forca: enclavada en la parte superior de S. Juan de Villar, al borde del Arroyo de Rozas y teniendo al oeste al río Noceda. En su ladera, consecuencia de unas prospecciones realizadas por la Junta, se descubrió una necrópolis medieval.
Ocupa una posición estratégica de control y otea uno de los mejores territorios agrícolas. También es preciso citar al Castro de Ceruñales: a pocos metros de los Campos. Al norte, se divisan los parajes preciosos de Ceruñales y al sur “Llama la Sebe”. En este castro existe un pozo con una galería que conduce a una explotación minera, en la que se hallaron tégulas y restos de cerámica indígena.

LOS MOLINOS:
Actualmente se pueden visitar siete molinos, en buena parte restaurados y algunos aún en servicio, que componen la denominada “Ruta de los Molinos”.
El más renombrado es el llamado “del Medio”, ubidado entre otros dos (el de Fundeiro y el de Ampuero) en el Barrio-paraje de La Vega. Todos se servían del agua del río o acequias-presas, cuya fuerza movía las ruedas (molinos de rodezno). Se trituraba el centeno y el trigo recolectado en julio. La maja era hecha en agosto y la molienda posterior era, fundamentalmente, para promocionar pienso al ganado (harina y salvado).

COSTUMBRES POPULARES:
Las distintas pautas festivas, hace no demasiados años, eran marcadas por las tareas del campo y las épocas estacionales. Por ello, en todo el invierno, eran habituales los Filandones, donde se han de buscar algunos modismos y expresiones bercianas de Noceda transmitidas oralmente por generaciones. Quizá en ningún otro rincón berciano se vean con mayor nitidez ciertas formas bercianas, aderezadas con un deje asturleonés llamativo.
El carnaval tiene unas connotaciones, en cuanto al habla, particularmente significativas.
Llegado el verano, la siega, la maja y el ganado absorbían todo el tiempo. En tiempos difíciles, se trabajaba únicamente por la comida.
En septiembre, un hábito de los nativos nocedenses era la Cata de uva en el lagar, procediéndose por todos los asistentes a la degustación de vino, uva, mosto y roscón.
Las fiestas patronales eran muy queridas, y en ellas se cantaba y bailaba la Jota de Noceda.
EL Botillo, indiscutiblemente, constituía un acontecimiento especial. En nuestros días, una Asociaciçón de Jubilados y Pensionistas autóctona, con la ayuda del Ayuntamiento, convoca anualmente a su Festival del Botillo.

Articulo realizado por nuestro colaborador:
MARCELINO B. TABOADA
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Hontanares del recuerdo Ramón Carnicer

Hontanares del recuerdo

Ramón Carnicer

La consideración de la historia como maestra de la vida es una de las muchas afirmaciones carentes de sentido. Y ello porque la historia no es una entidad objetiva, algo que tengamos a mano, segura e invariable –como puede serlo el metro u otra unidad mensuradora–, para valorar lo presente y para anticipar los rumbos de un futuro más o menos inmediato. Los historiadores nos comunican hechos pasados recogidos de fuentes muy diversas, someten unos y otros a análisis crítico y llegan a conclusiones con las que construir la verdad histórica. Pero el proceso conducente a esta verdad está inevitablemente teñido por la subjetividad del historiador, por sus ideas, sentimientos y creencias, por la mayor o menor amplitud de su saber, por su concepción del mundo y de la vida, por su adscripción a esta o la otra escuela o entendimiento de la función de historiar. Ningún tipo de conocimiento humano está más sujeto a divergencias, rectificaciones, adiciones y sustracciones que el conocimiento histórico. Para traer una muestra próxima a nosotros bastará recordar, dentro de la historiografía española, la disparidad de criterios, la tremenda hostilidad personal de aquellos dos grandes y en muchos aspectos respetables energúmenos llamados Claudio Sánchez Albornoz y Américo Castro. Si esto ocurre a menudo en lo concerniente al pasado de una nación, es más frecuente todavía cuando la historia rebasa los límites de aquélla y se adentra en los conflictos, rivalidades y pugnas de dos o más poderes nacionales enfrentados o aliados entre sí frente a otro u otros poderes encaminados a las mismas conquistas o prevalencia hegemónica. Y si venimos a las zonas más espurias de la exposición histórica, aquéllas en que tal exposición se falsea al dictado de objetivos políticos estrechos –tal es el caso de ciertas versiones del pasado urdidas en torno a la actual organización autonómica de España–, la sorpresa alcanza límites escandalosos.

La conclusión a la que finalmente se llega es ésta: la historia es el más adulterable de los saberes humanos. Con todo, la indagación sobre el pasado es una de las constantes más frecuentes en el espíritu humano, porque para conocernos a nosotros mismos y saber en qué medida alcanzamos la condición de personas, necesitamos saber cómo fueron, cómo pensaron nuestros antepasados. Éste es el gran torcedor que aqueja a cuantos, insatisfechos con lo presente, siembran su mente de interrogantes y bucean a la busca de respuestas en las profundidades de lo pretérito. ¿Fue en este o en aquel lugar del mundo, En este o en el otro siglo o período donde se dio lo más auténtico y valedero de ese ser inquieto, ávido de perfecciones –en los casos más ejemplares– y siempre menesteroso al que llamamos hombre?

Lo antedicho podrá parecer desproporcionado respecto del encargo de presentar el Álbum del Bierzo que el lector tiene en sus manos. Pero no lo es si se considera que esta «fuente» de conocimiento del pasado, estas instantáneas de la tierra berciana están al margen de consideraciones descalificadoras y constituyen un inapreciable documento que excede sus límites geográficos y refleja una buena porción de la totalidad española de fines del siglo XIX y una parte del XX. Todas estas fotos fueron hechas antes de que la fotografía constituyera un elemento de expresión artística y se aproximara por ello al subjetivismo de la pintura. Responden a un propósito meramente documental. Mediante ellas asistimos, por ejemplo, a la paulatina conversión de la carretera de La Puebla ponferradina en avenida; a las distintas remodelaciones de su plaza de la Constitución, con persistencia de una tradición arquitectónica menor, junto con algún que otro desatino, como el de derribar uno de sus componentes, albergue un tiempo del Instituto, para erigir en su lugar un edificio que rompe la unidad, siquiera imperfecta, del conjunto. Contemplamos sorprendidos la perfecta armonía de las casas del Rañadero con su hoy desaparecida pavimentación, escalonada, de cantos rodados. Y aparte los elementos monumentales, con muestras ubicadas en toda la amplitud berciana, vemos la indumentaria de la gente popular (blusa, faja, gorra de visera o boina, alpargatas en los hombres; largas sayas, mantones y pañuelos a la cabeza de las mujeres). Y a la vez sombreros de copa, levitas, chalecos con muchos botones y ornamentos áureos en los favorecidos por la fortuna, y gran alarde textil en los vestidos y en los monumentales sombreros de sus señoras. Y junto con todo ello, festividades, ferias, mercados, con viejas romanas como instrumentos de peso, testimonios de oficios manuales hoy desaparecidos, mulos, asnos y la sorprendente aparición de los automóviles. Y acá y allá gente humilde, pordioseros, un muchacho tullido y apoyado en viejas y desproporcionadas muletas de madera... El desarrollo del ferrocarril y la expectación que producía su paso daban pie a que el paseo de la tarde se hiciera en los andenes de las estaciones; al arrancar, el tren correo dejaba en los paseantes una difusa nostalgia y permitía imaginar extraordinarias aventuras de quienes, con un guardapolvo amarillo, continuaban viaje hasta quien sabía donde.

Para los jóvenes resultará chocante sorprender a través de estas fotos unas formas de vida muy diferentes de las actuales. Para los que ya no lo son resultará increíble –en otro orden de cosas– la actual desolación arbórea del jardín de Villafranca al contemplar en el Álbum la perdida fronda de los grandes y copudos negrillos y los dos maravillosos, idénticos y altísimos pinsapos que crecían en él.

En este Álbum no aparecen registros dinásticos, batallas ganadas, armisticios, mariscales en pie de o a caballo, papas ni cardenales. Aparece sobre todo la estampa de quienes trabajan siempre, sufren a menudo y disfrutan de vez en cuando, es decir, los estratos que soportan a quienes desde los altos puestos de la vida sobresaltan con catástrofes y con pomposas vanidades la existencia de los de abajo, ajenos a interpretaciones petulantes del vivir y luchando de continuo por sobrevivir bajo las fantasías de quienes se consideran constructores de los destinos humanos.
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PRESENTACION



Presentación

Esta publicación que tienes en las manos, lector, es un aldabonazo de luz, una llamada de atención, una sacudida estética que nos devuelve la emoción de las viejas fotografías.

Durante cinco años, los autores han recopilado centenares de fotografías del Bierzo, han indagado en numerosos archivos y colecciones particulares, han rebuscado en las ferias y en las librerías de viejo. Acometieron este trabajo con pasión de coleccionistas, pero también con la voluntad constructiva de quien sabe que tiene en sus manos el frágil y delicado material de la memoria, constantemente amenazado por el olvido. Por ello, era preciso darlo a conocer.

Había que publicar esta obra porque no es una simple recopilación de fotografías más o menos antiguas y hermosas, sino también una llamada de atención sobre la necesidad de salvaguardar el patrimonio arquitectónico de nuestras villas y ciudades.

Este Álbum recupera la memoria fotográfica del pueblo berciano, a través de una colección de más de trescientas imágenes (1880-1936); magníficas postales y fotografías antiguas, acompañadas de textos explicativos sobre la historia, vida y curiosidades de Ponferrada, Villafranca, Cacabelos o Bembibre; sus personajes, ferias y mercados, fiestas tradicionales, procesiones, arquitectura, acontecimientos singulares, como la llegada del ferrocarril o el primer funambulista encaramado en la Torre de la Encina.

La presente contribución al enriquecimiento del patrimonio fotográfico de nuestra Comunidad debe entenderse, sin embargo, como una tarea abierta. Primero, el Álbum de Bembibre y, ahora, el Álbum del Bierzo, son los primeros frutos, a los que deben seguir otros. Los propios autores sugieren a los jóvenes estudiantes numerosas tareas pendientes para ir haciendo la historia de la fotografía berciana, que es, en definitiva, una parte muy querida de la historia de la fotografía castellano-leonesa.

Juan José Lucas

Presidente de la Junta de Castilla y León


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s2t2 -Luis del Olmo es distinguido como Berciano ilustre en Cataluña

Luis del Olmo es distinguido como Berciano ilustre en Cataluña


La Asociación de Bercianos en Cataluña (Asobecat) distinguirá al popular locutor Luis del Olmo con el título de Berciano Ilustre en Cataluña, coincidiendo con el festival del botillo que esta asociación de bercianos afincados en Cataluña celebran cada año. Según ha confirmado el presidente de la asociación, el faberense Cesar Argüelles. esta decisión fue comunicada hace unos días a Luis del Olmo, al mismo tiempo que, para darle el realce que el homenajeado se merece, la asociación ha invitado al acto al presidente del Consejo Comarcal, José Luis Ramón, y al alcalde de Ponferrada, Carlos López Riesco entre otras autoridades de la comarca. El Sexto Festival del Botillo y el nombramiento de berciano ilustre tendrá lugar el 7 de febrero La Asociación de Bercianos en Cataluña fue fundada en el año 2004. | m.e.
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A Ponferrada me voy

Esta es la mejor versión sobre esta popular canción berciana que encontre. Espero que todos la tengais en el ordenador. Disfrutarla
A Ponferrada me voy

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A Ponferrada me voy

Esta es la mejor versión sobre esta popular canción berciana que encontre. Espero que todos la tengais en el ordenador. Disfrutarla
A Ponferrada me voy

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300 Bercianos: La Conquista de Roma

Pequeño regalo para todos los que nos habeis pedido una entrega mas de 300 Bercianos. La cosa ya no se puede exprimir mas amigos, la próxima será otra película.....

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300 Bercianos: La Conquista de Roma

Pequeño regalo para todos los que nos habeis pedido una entrega mas de 300 Bercianos. La cosa ya no se puede exprimir mas amigos, la próxima será otra película.....

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s2t2 -El anti-leonesismo, enfermedad infantil del bercianismo

OPINIÓN/ El anti-leonesismo, enfermedad infantil del bercianismo PDF Imprimir E-Mail
lunes, 21 de abril de 2008

Por Manuel E. Morán García

Al menos para los aficionados al fútbol a uno y otro lado del Manzanal, el domingo 27 de abril no será un domingo más. Vuelve el clásico provincial, Cultural vs. Deportiva, uno de esos encuentros en los cuales la victoria sabe a ambrosía y la derrota es pura hiel. Sin embargo, no quiero entretenerles con tópicos futboleros. Muy al contrario, estas líneas pretenden modestamente contribuir a erradicar un comportamiento que, aparte de grosero, no aporta nada a la reivindicación sensata, justa e incluso necesaria de la identidad berciana.


Todos conocemos la frasecilla que anuda, a modo de insulto, la hipócritamente denostada "profesión más antigua del mundo" con el nombre de la ciudad de León. Esta poco imaginativa muestra de forofismo no merecería mayor comentario puesto que la afición de la Deportiva ha dado muestras más que sobradas de ingenio y elegancia. La traigo a colación, no obstante, para dar cuenta de un fenómeno mucho más preocupante, que consiste en hallar en el insulto y la negación del otro la afirmación de lo propio. Efectivamente, en más ocasiones de las convenientes se entiende como manifestación de bercianismo una hostilidad innata hacia todo lo que esté, suceda o venga del este del Manzanal. Ello constituye una reacción irreflexiva ante la incapacidad de expresar positivamente el compromiso con una tierra y sus gentes, más allá de una pueril necesidad de identificación tribal. Parafraseando J.F. Kennedy, si al "no te preguntes qué puede hacer El Bierzo por ti, sino qué puedes hacer tú por El Bierzo" sólo podemos contestar insultando al vecino, no parece que haya mucha esperanza de madurar.

Decía Manuel Vázquez Montalbán que, más allá de datos objetivos, El Bierzo, es un estado de ánimo, un sentimiento mágico. Por esa línea poco se puede avanzar. Los sentimientos son resistentes a la razón, pero no deberían impedir a nadie fascinarse por las vidrieras de la catedral gótica más hermosa del mundo, a pesar de que esté en León. Honestamente, creo que debemos replantearnos las cosas para situar nuestra identidad en su contexto y hacerlo en términos positivos. Un par de ideas en torno a cada aspecto.

Por lo que hace al contexto, la búsqueda de la propia identidad parte de la necesidad de ser reconocido como distinto entre aquellos a quienes consideramos iguales. En ese sentido, no creo que nadie cuestione la incardinación de El Bierzo en España, si descontamos algún minoritario y tan bien intencionado como ingenuo panceltismo, o un no tan inocente pangalleguismo independentista. Aun respetando estas últimas opciones, resulta claro que la mayoría inmensa de los bercianos nos consideramos, sin mayores problemas, españoles.     ¿Cuál es, entonces, el sitio que reclamamos dentro de España? Una petición maximalista y delirante pasaría por recuperar el viejo fantasma provincial y de paso una autonomía uniprovincial; por pedir que no quede.

Tal y como está marcado a fuego en nuestro imaginario colectivo, en 1822 se creó la Provincia de Villafranca del Bierzo. Ahora bien, mal que nos pese, tuvo una vida efímera, desapareciendo en 1823. Una década después, Javier de Burgos pondría fin al breve sueño provincial, pasando El Bierzo a incorporarse a la provincia de León. Ahí comenzó la pesadilla antileonesista, pero es preciso reconocer que, por muy sugerentes y hermosos que sean, como decía el poeta, los sueños, sueños son. Modificar el mapa provincial y autonómico requeriría no sólo una modificación constitucional, sino alterar una división territorial que, desde 1833, ha sobrevivido a una república Federal, una monarquía claudicante, una república de trabajadores, una dictadura ignominiosa, y la reciente experiencia monárquica constitucional y autonómica. Por tanto, es dentro del marco constitucional y provincial vigente donde hay que buscar datos objetivos y razonables que anclen nuestra identidad más allá del antileonesismo. A mi juicio, esos datos vienen más avalados por la geografía y el presente que por la historia.

Hace más de treinta años, tuve el privilegio de ser alumno de Tomás Garnelo. Con una de aquellas frases impactantes con las que solía provocarnos, este verdadero maestro nos decía que si la historia es madre de la vida, la geografía es madre de la historia. Con aséptica actitud, cifraba el inefable profesor nuestros primeros e incontestables hechos diferenciales: a) vivimos en el límite o punto de encuentro entre los climas atlántico y mediterráneo, dominantes en la península ibérica; b) la hoya berciana está completamente rodeada por montañas que alcanzan los 2.000 metros, de ahí, etimológicamente proviene su nombre y no de vergel ni nada parecido; c) El Bierzo cuenta con su propia cuenca hidrográfica, vertebrada en torno al mítico Sil, en el que desembocan todos los demás ríos bercianos. Esta singularidad orográfica, hidrográfica y climatológica se ha traducido, como es lógico, en una cultura parcialmente diferenciada, que se viene articulando en torno a un entramado institucional, reflejo de nuestra dimensión supramunicipal, que debiera dar paso a un futuro verdaderamente comprometido con lo nuestro, más allá del fácil recurso al "no somos leoneses". Por orden de aparición: a) mancomunidad de municipios de Ponferrada, b) estatuto de comarcalización de El Bierzo, c) mancomunidad de municipios del Bierzo Central.

El 7 de marzo de 1969, el consejo de ministros aprobaba los Estatutos de la Mancomunidad de Municipios de la Comarca de Ponferrada. Con ella se reconocía implícitamente la existencia de una realidad particular, que tiene problemas propios y necesita respuestas igualmente propias. Según el art. 2° de sus Estatutos son objetivos de la Mancomunidad: ejecutar obras de abastecimiento de agua potable a las localidades pertenecientes a los municipios que la integran, así como las obras de alcantarillado y saneamiento de sus núcleos de población; instalar y adquirir un servicio común de extinción de incendios; crear un servicio y realizar comunicaciones intermunicipales; promover e impulsar el desarrollo industrial, agrario y docente de la comarca.

Tras ese primer reconocimiento del hecho comarcal, actualmente El Bierzo goza del único Estatuto de Comarcalización de Castilla y León, tal y como quedó establecido por la Ley 1/1991, de 14 de marzo. Se producía así el reconocimiento jurídico de algo que aquí todos hemos tenido claro desde siempre, aunque no hayamos encontrado cauces adecuados para expresarlo. A tenor de lo dispuesto en el art. 4 de la Ley de comarcalización, son competencias propias del Consejo Comarcal: ordenación del territorio y urbanismo, sanidad, servicios sociales, cultura y deporte, salubridad pública y medio ambiente, turismo y tradiciones populares, artesanía, agricultura, ganadería y montes, minería, ferias y mercados comarcales, energía y promoción industrial.

Como último ejemplo de esta articulación que expresa una realidad más amplia que el pueblo o el partido judicial y sentida como diferenciadora, los Municipios de Arganza, Cabañas Raras, Cacabelos, Camponaraya, Carracedelo, Sancedo, Priaranza del Bierzo y Villadecanes, constituyen la denominada "Mancomunidad de Municipios Bierzo Central". Según el art. 3 del Proyecto definitivo de sus estatutos, son fines de esta entidad local: recogida y tratamiento de residuos sólidos urbanos; servicio de alumbrado público; desarrollo y actividades turísticas, culturales y deportivas de los Municipios integrantes; promoción agrícola, ganadera e industrial de los municipios integrantes; defensa y protección del Medio ambiente; limpieza de vías públicas; abastecimiento de agua potable; alcantarillado y saneamiento de aguas residuales y tratamiento de lodos; acceso a núcleos de población, servicios sociales.

Este entramado institucional y competencial constituye el trasunto efectivo de nuestra identidad, con posibilidades reales de madurar y superar la versión exclusivamente negativa o de contraste del ser berciano. A mi modo de ver, son base suficiente para comenzar a cimentar nuestro sentimiento de pertenencia a una realidad que supera lo puramente local y se reclama distinta de la leonesa y castellana. Aprovechemos la ocasión, máxime cuando estas instituciones, al margen de las diferencias políticas legítimas, están lideradas por auténticos paisanos, en el noble sentido de la palabra. Exijamos de ellos eficacia, coordinación y buena gestión en beneficio de nuestra tierra y nuestras gentes. Reclamemos para ellos competencias con contenido real y no sólo grandilocuente declaraciones programáticas.

Y ahora si, a disfrutar con humor de la segura victoria de la S.D. Ponferradina: lo siento, vecinos leoneses, pero el año que viene no vamos a venir.

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'Casual Day'

NOTA DE VRedondof :
No tenia referencias de este Director de Cine del Bierzo ???



CRÍTICA DE CINE
Ejecutivos agresivos
11.05.08 -
ANTON MERIKAETXEBARRIA


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Ejecutivos agresivos
TREPADORES. Juan Diego y Luis Tosar, en una secuencia de la película. / EL CORREO
Primera película estrenada entre nosotros del realizador del Bierzo Max Lemcke -su debut con 'Mundo fantástico' (2004) permanece inédito en las salas comerciales- con una comedia sobre agresivos ejecutivos españoles, influidos hasta las cartolas por las modas imperantes al otro lado del Atlántico. Hombres y mujeres de distinto signo, invitados por el jefe de la empresa donde trabajan a pasar un día en el campo, con imprevisibles resultados. Las relaciones laborales a la palestra, analizadas con espíritu irónico, pero no exentas de mala uva y hasta de dramatismo, puesto que la competencia desleal, los trepadores sin escrúpulos y la deshumanización galopante en muchas empresas, es aquí lo que marca la pauta.

Asimismo, los diálogos de doble filo tienen capital importancia en 'Casual Day', aunque no sea por casualidad, comprobada la intención de su director por conectar con una cierta realidad circundante. Son jefes y empleados, jóvenes y no tan jóvenes -algunos ya con algo de caspa en su gastada chaqueta de Armani- que juegan a llevarse bien, pero que en el fondo se envidian o desprecian, atrapados todos ellos por una cámara tan discreta como implacable. Película de rabiosa actualidad, pues, donde esa conspiración permanente que es el abuso de poder también cuenta.

Un bien conjuntado equipo de intérpretes son los encargados de dotar de consistencia a la trama: algunos recién llegados y otros curtidos en mil batallas cinematográficas. Entre las primeras es obligado destacar a la donostiarra Estibaliz Gabilondo, en el papel de inocente Marta, capaz de asumir sin complejos su reconocible personaje, frágil en apariencia, que ella matiza con delicada intensidad, valga la paradoja. Una actriz en ciernes, de cuerpo entero. Confiemos que de ahora en adelante su silueta forme parte de las películas del cine español.
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Urogallo


LA HORA DEL UROGALLO

La del alba en los bosques del Pallars Sobirà


Aqui teneis el articulo de EL MUNDO.

Hay un archivo de sonido (2:57) con narracion para escuchar muy interesante

Aún faltan dos horas para que amanezca en los valles más altos del Pallars Sobirà, en los hayedos y abetales que pueblan el alto Pirineo de Lérida. El cielo, negro y estrellado, apenas despide algo de luz; la suficiente para que la nieve acumulada en el suelo la amplifique, bañando el bosque en una luz espectral. Suficiente para avanzar.

Esta hora que precede al amanecer es la más fría del día. Pero eso no es importante en estos bosques de montaña, último reducto en el sur de Europa para algunas especies originarias de los gélidos bosques boreales. Los urogallos, entre otros. Por eso, pese a los varios grados bajo cero, un mochuelo boreal ulula a la noche. Una llamada pulsante y larga, muy frecuente en la taiga del norte pero bastante rara en estas latitudes más meridionales. Inmediatamente, un corzo ladra asustado, y corre hacia el fondo del valle.

Poco a poco nos aproximamos al cantadero de los gallos de bosque. Podemos percibir, muy lejos, la voz de uno de los machos. A la vez, del murmullo del valle se destaca un ronroneo, seguido de un fuerte silbido: una becada pasa por encima, rápida como una flecha.

De repente la pendiente se suaviza y se abre un claro entre el arbolado. Las hayas son más viejas, con grandes ramas bajas. Estamos en una especie de mirador sobre los valles, el emplazamiento elegido por los urogallos para escenificar los cortejos. La silueta de uno de ellos se recorta, negra, contra la negra noche. Al tiempo que su voz, metálica y estridente, se eleva sobre el silencio que reina en esta hora previa a la madrugada. Una voz poco agraciada desde un punto de vista musical, pero que sugiere como pocas la esencia de la última naturaleza virgen, remota y perdida. Otro ejemplar, algo más retirado, le da la réplica.

Según el estudio clásico de Javier Castroviejo, la secuencia de canto del urogallo se puede dividir en varias fases. Empieza con unos chasquidos guturales, metálicos, llamados redobles cuando suena articulado; unos y otros preceden a la estrofa completa, y parecen expresar atención y desconfianza. Viene después el castañueleo, al precipitarse los chasquidos anteriores, seguido del taponazo, una nota aislada con un sonido semejante al que se produce al descorchar una botella, y la seguidilla, formada por una especie de cacareo siseante y chirriante que, según Castroviejo "recuerda a una sierra cortando la madera o al eje mal engrasado de una carretilla en movimiento". Refilo, en los bosques pirenaicos, carraca, carretilla, sierrina y tiple, en la Cordillera Cantábrica, son otros tantos nombres vernáculos que hacen alusión a este parloteo "desengrasado" del gallo de bosque.

Foto

Un ejemplar macho de urogallo en época de celo. Foto: Gaztelu.

Se llame como se llame, en esta fase final de la estrofa el gallo no oye nada, está completamente sordo con la cola completamente desplegada, el cuello estirado y el pico apuntando hacia el negro cielo. Habitualmente era el momento empleado por quienes, años atrás, preferían destrozar el mito con un disparo en lugar de pararse a escuchar.

La noche llega a su fin. Se acerca el día, y hacia el este el cielo empieza a grisear. Reclama y canta un petirrojo, con sus frases deslabazadas, sin un final definido. En este momento los dos gallos dan por concluido su pavoneo y vuelan pesadamente hacia el suelo, en busca de refugio entre el sotobosque. Se incorporan las voces de otras aves forestales: el relincho de los picapinos, arrendajos, carboneros garrapinos… La mañana prosigue su avance y la hora del urogallo ha llegado a su fin.

Esterri d'Aneu, mayo de 2.002, de la mano de Jordi Canut, biólogo del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, gran caminante nocturno, guardián de los últimos urogallos del Pallars.

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Tetrao urogallus

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Urogallo

Estado de conservación
En peligro
Clasificación científica
Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Aves
Orden: Galliformes
Familia: Tetraonidae
Género: Tetrao
Especie: T. urogallus
Nombre binomial
Tetrao urogallus
Linnaeus, 1758

El urogallo o según su nombre científico Tetrao urogallus es una Gallinácea que se encuentra actualmente en peligro de extinción, quedando algunos ejemplares a lo largo de las zonas boscosas de toda la Cornisa Cantábrica, los Pirineos, los Alpes y el Jura. La variedad boreal del urogallo, distribuida por toda Escandinavia, región del Báltico y Rusia, goza su población por contra de buena salud.

Biológicamente se la considera una reliquia de la era glaciar, pues tras este período la población se fue aislando en Europa a las regiones de alta montaña y o más frías.

En España y desde 1979 se ha vedado la caza de esta especie, y desde 1986 tiene la catalogación de especie protegida aunque esto no ha supuesto un incremento en la población hasta el momento.

Descripción [editar]

El urogallo tiene un tamaño máximo de 1,10 m en los machos y 0,70 m las hembras. Se caracteriza por tener unas plumas debajo del pico en forma de barba, una cola en forma de abanico y unos tubérculos rojos sobre los ojos.

Hábitat [editar]

Vive en zonas montañosas con bosques claros y abiertos de coníferas donde haya abundante vegetación herbácea, agua y bayas. Suele dormir en las ramas horizontales de los árboles, lo que se hace un requisito para su presencia.

Dieta [editar]

Es un ave que sigue dos tipos de dietas estacionales. En verano es un ave terrestre que se alimenta de hierbas, crisálidas de hormiga, bellotas, bayas, lagartijas e incluso serpientes.

Reproducción [editar]

La época de celo dura desde marzo hasta el primer tercio de mayo. El urogallo profiere gritos de reclamo al amanecer y al atarceder desde algún punto elevado atrayendo a las gallinas; estos gritos le dieron este nombre al animal pues se decía que eran parecidos a los del uro (bóvido extinto). Luego se posa en el suelo y cubriendo un territorio de 50 o 100 m de diámetro continúa con sus reclamos y copulando con varias gallinas en un mismo día.

Las gallinas ponen entre cinco y doce huevos en un hoyo en el suelo donde son objetivo fácil para el jabalí, los perros, comadrejas y el azor. Además la mortandad de los polluelos es muy alta en las primeras semanas de vida, por lo que su población aumenta muy lentamente.

Amenazas a la especie [editar]

Hembra
Hembra

Si bien el urogallo está protegido como especie en todo el estado español, su población ha ido disminuyendo poco a poco en los útlimos 20 años hasta niveles alarmantes. Aunque la caza furtiva es cada vez más perseguida y causas menos daños, es la destrucción o alteración del hábitat natural del urogallo lo que provoca su desaparición:

  • Desforestación: provoca la escasez de los árboles de los que se alimenta y donde vive.
  • Actividades humanas: ganadería, cacerías de otras especies como el jabalí o actividades deportivas como el senderismo, esquí o el alpinismo alteran la tranquilidad que requiere el urogallo para su reproducción en la época de celo, además de que modifican su entorno natural mediante pistas forestales, sendas artificiales o instalaciones deportivas.
  • Urbanismo: los vuelos del urogallo son muy cortos y a baja altura posándose cada cieta cierta distancia en las ramas. Una simple valla, un cable de alta tensión o el despeje de una zona para zona de pastos impedirán gravemente su desplazamiento y, por lo tanto, su capacidad reproductora.
  • Modo de reproducción: el macho emite durante el celo una especie de grito al amanecer y al atardecer que requiere la no interferencia de actividades humanas. Igualmente el modo de puesta de huevos da pocos polluelos viables.

De las subespecies peninsulares es la cantábrica (Tetrao urogallus cantabricus) la que tiene las peores perspectivas de futuro a medio plazo pues sus poblaciones comienzan a estar aisladas entre sí sin posibilidad de renovación genética. La población de urogallos en Galicia se considera prácticamente extinguida dado que está aislada del resto. En Cantabria quedan unas pocas parejas en el entorno de Picos de Europa de viabilidad muy dudosa. En Asturias y León las poblaciones empiezan a estar desconectadas y a perder capacidad reproductiva. Se han propuesto diversos planes de actuación pero todos con poco o nulo éxito. La reciente declaración de parte de la Cordillera Cantábrica como Reserva de la Biosfera puede suponer un pequeño salvavidas. Otros planes han propuesto su cría en cautividad y el cruce genético forzado entre ejemplares de distintas poblaciones.

Subespecies descriptas [editar]

  • Tetrao urogallus aquitanicus, Ingram, 1915
  • Tetrao urogallus cantabricus, Castroviejo, 1967
  • Tetrao urogallus kureikensis, Buturlin, 1927
  • Tetrao urogallus major, C. L. Brehm, 1831
  • Tetrao urogallus rudolfi, Dombrowski, 1912
  • Tetrao urogallus taczanowskii, (Stejneger, 1885)
  • Tetrao urogallus uralensis, Menzbier, 1887
  • Tetrao urogallus urogallus, Linnaeus, 1758
  • Tetrao urogallus volgensis, Buturlin, 1907

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Urogallo


LA HORA DEL UROGALLO

La del alba en los bosques del Pallars Sobirà


Aqui teneis el articulo de EL MUNDO.

Hay un archivo de sonido (2:57) con narracion para escuchar muy interesante

Aún faltan dos horas para que amanezca en los valles más altos del Pallars Sobirà, en los hayedos y abetales que pueblan el alto Pirineo de Lérida. El cielo, negro y estrellado, apenas despide algo de luz; la suficiente para que la nieve acumulada en el suelo la amplifique, bañando el bosque en una luz espectral. Suficiente para avanzar.

Esta hora que precede al amanecer es la más fría del día. Pero eso no es importante en estos bosques de montaña, último reducto en el sur de Europa para algunas especies originarias de los gélidos bosques boreales. Los urogallos, entre otros. Por eso, pese a los varios grados bajo cero, un mochuelo boreal ulula a la noche. Una llamada pulsante y larga, muy frecuente en la taiga del norte pero bastante rara en estas latitudes más meridionales. Inmediatamente, un corzo ladra asustado, y corre hacia el fondo del valle.

Poco a poco nos aproximamos al cantadero de los gallos de bosque. Podemos percibir, muy lejos, la voz de uno de los machos. A la vez, del murmullo del valle se destaca un ronroneo, seguido de un fuerte silbido: una becada pasa por encima, rápida como una flecha.

De repente la pendiente se suaviza y se abre un claro entre el arbolado. Las hayas son más viejas, con grandes ramas bajas. Estamos en una especie de mirador sobre los valles, el emplazamiento elegido por los urogallos para escenificar los cortejos. La silueta de uno de ellos se recorta, negra, contra la negra noche. Al tiempo que su voz, metálica y estridente, se eleva sobre el silencio que reina en esta hora previa a la madrugada. Una voz poco agraciada desde un punto de vista musical, pero que sugiere como pocas la esencia de la última naturaleza virgen, remota y perdida. Otro ejemplar, algo más retirado, le da la réplica.

Según el estudio clásico de Javier Castroviejo, la secuencia de canto del urogallo se puede dividir en varias fases. Empieza con unos chasquidos guturales, metálicos, llamados redobles cuando suena articulado; unos y otros preceden a la estrofa completa, y parecen expresar atención y desconfianza. Viene después el castañueleo, al precipitarse los chasquidos anteriores, seguido del taponazo, una nota aislada con un sonido semejante al que se produce al descorchar una botella, y la seguidilla, formada por una especie de cacareo siseante y chirriante que, según Castroviejo "recuerda a una sierra cortando la madera o al eje mal engrasado de una carretilla en movimiento". Refilo, en los bosques pirenaicos, carraca, carretilla, sierrina y tiple, en la Cordillera Cantábrica, son otros tantos nombres vernáculos que hacen alusión a este parloteo "desengrasado" del gallo de bosque.

Foto

Un ejemplar macho de urogallo en época de celo. Foto: Gaztelu.

Se llame como se llame, en esta fase final de la estrofa el gallo no oye nada, está completamente sordo con la cola completamente desplegada, el cuello estirado y el pico apuntando hacia el negro cielo. Habitualmente era el momento empleado por quienes, años atrás, preferían destrozar el mito con un disparo en lugar de pararse a escuchar.

La noche llega a su fin. Se acerca el día, y hacia el este el cielo empieza a grisear. Reclama y canta un petirrojo, con sus frases deslabazadas, sin un final definido. En este momento los dos gallos dan por concluido su pavoneo y vuelan pesadamente hacia el suelo, en busca de refugio entre el sotobosque. Se incorporan las voces de otras aves forestales: el relincho de los picapinos, arrendajos, carboneros garrapinos… La mañana prosigue su avance y la hora del urogallo ha llegado a su fin.

Esterri d'Aneu, mayo de 2.002, de la mano de Jordi Canut, biólogo del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, gran caminante nocturno, guardián de los últimos urogallos del Pallars.

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Tetrao urogallus

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Urogallo

Estado de conservación
En peligro
Clasificación científica
Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Aves
Orden: Galliformes
Familia: Tetraonidae
Género: Tetrao
Especie: T. urogallus
Nombre binomial
Tetrao urogallus
Linnaeus, 1758

El urogallo o según su nombre científico Tetrao urogallus es una Gallinácea que se encuentra actualmente en peligro de extinción, quedando algunos ejemplares a lo largo de las zonas boscosas de toda la Cornisa Cantábrica, los Pirineos, los Alpes y el Jura. La variedad boreal del urogallo, distribuida por toda Escandinavia, región del Báltico y Rusia, goza su población por contra de buena salud.

Biológicamente se la considera una reliquia de la era glaciar, pues tras este período la población se fue aislando en Europa a las regiones de alta montaña y o más frías.

En España y desde 1979 se ha vedado la caza de esta especie, y desde 1986 tiene la catalogación de especie protegida aunque esto no ha supuesto un incremento en la población hasta el momento.

Descripción [editar]

El urogallo tiene un tamaño máximo de 1,10 m en los machos y 0,70 m las hembras. Se caracteriza por tener unas plumas debajo del pico en forma de barba, una cola en forma de abanico y unos tubérculos rojos sobre los ojos.

Hábitat [editar]

Vive en zonas montañosas con bosques claros y abiertos de coníferas donde haya abundante vegetación herbácea, agua y bayas. Suele dormir en las ramas horizontales de los árboles, lo que se hace un requisito para su presencia.

Dieta [editar]

Es un ave que sigue dos tipos de dietas estacionales. En verano es un ave terrestre que se alimenta de hierbas, crisálidas de hormiga, bellotas, bayas, lagartijas e incluso serpientes.

Reproducción [editar]

La época de celo dura desde marzo hasta el primer tercio de mayo. El urogallo profiere gritos de reclamo al amanecer y al atarceder desde algún punto elevado atrayendo a las gallinas; estos gritos le dieron este nombre al animal pues se decía que eran parecidos a los del uro (bóvido extinto). Luego se posa en el suelo y cubriendo un territorio de 50 o 100 m de diámetro continúa con sus reclamos y copulando con varias gallinas en un mismo día.

Las gallinas ponen entre cinco y doce huevos en un hoyo en el suelo donde son objetivo fácil para el jabalí, los perros, comadrejas y el azor. Además la mortandad de los polluelos es muy alta en las primeras semanas de vida, por lo que su población aumenta muy lentamente.

Amenazas a la especie [editar]

Hembra
Hembra

Si bien el urogallo está protegido como especie en todo el estado español, su población ha ido disminuyendo poco a poco en los útlimos 20 años hasta niveles alarmantes. Aunque la caza furtiva es cada vez más perseguida y causas menos daños, es la destrucción o alteración del hábitat natural del urogallo lo que provoca su desaparición:

  • Desforestación: provoca la escasez de los árboles de los que se alimenta y donde vive.
  • Actividades humanas: ganadería, cacerías de otras especies como el jabalí o actividades deportivas como el senderismo, esquí o el alpinismo alteran la tranquilidad que requiere el urogallo para su reproducción en la época de celo, además de que modifican su entorno natural mediante pistas forestales, sendas artificiales o instalaciones deportivas.
  • Urbanismo: los vuelos del urogallo son muy cortos y a baja altura posándose cada cieta cierta distancia en las ramas. Una simple valla, un cable de alta tensión o el despeje de una zona para zona de pastos impedirán gravemente su desplazamiento y, por lo tanto, su capacidad reproductora.
  • Modo de reproducción: el macho emite durante el celo una especie de grito al amanecer y al atardecer que requiere la no interferencia de actividades humanas. Igualmente el modo de puesta de huevos da pocos polluelos viables.

De las subespecies peninsulares es la cantábrica (Tetrao urogallus cantabricus) la que tiene las peores perspectivas de futuro a medio plazo pues sus poblaciones comienzan a estar aisladas entre sí sin posibilidad de renovación genética. La población de urogallos en Galicia se considera prácticamente extinguida dado que está aislada del resto. En Cantabria quedan unas pocas parejas en el entorno de Picos de Europa de viabilidad muy dudosa. En Asturias y León las poblaciones empiezan a estar desconectadas y a perder capacidad reproductiva. Se han propuesto diversos planes de actuación pero todos con poco o nulo éxito. La reciente declaración de parte de la Cordillera Cantábrica como Reserva de la Biosfera puede suponer un pequeño salvavidas. Otros planes han propuesto su cría en cautividad y el cruce genético forzado entre ejemplares de distintas poblaciones.

Subespecies descriptas [editar]

  • Tetrao urogallus aquitanicus, Ingram, 1915
  • Tetrao urogallus cantabricus, Castroviejo, 1967
  • Tetrao urogallus kureikensis, Buturlin, 1927
  • Tetrao urogallus major, C. L. Brehm, 1831
  • Tetrao urogallus rudolfi, Dombrowski, 1912
  • Tetrao urogallus taczanowskii, (Stejneger, 1885)
  • Tetrao urogallus uralensis, Menzbier, 1887
  • Tetrao urogallus urogallus, Linnaeus, 1758
  • Tetrao urogallus volgensis, Buturlin, 1907

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